El FC Cartagena sufrió este domingo uno de esos golpes que escuecen especialmente por la forma en la que se producen. Los albinegros cayeron derrotados por 4-1 ante el Villarreal B en la novena jornada de Primera Federación, después de protagonizar dos mitades completamente diferentes. Si durante los primeros 45 minutos el equipo cartagenero demostró que podía competir frente a uno de los conjuntos más potentes del grupo, tras el descanso aparecieron los errores, las dudas y una fragilidad defensiva que terminó convirtiendo una tarde de ilusión en una auténtica pesadilla.
El encuentro se presentaba como una oportunidad importante para los hombres de Íñigo Vélez, que llegaban a tierras castellonenses después de recuperar sensaciones con su victoria ante el Europa. Enfrente esperaba un Villarreal B que había demostrado su potencial durante las primeras jornadas y que aspiraba a consolidarse en lo más alto de la clasificación.
El Cartagena comenzó con personalidad, sin renunciar al ataque y buscando sorprender a un rival que pretendía hacerse dueño del balón desde el primer momento. Apenas habían transcurrido dos minutos cuando Imanol Baz intentó una acción de espuela que no encontró portería. Era toda una declaración de intenciones de un equipo que no había viajado hasta Villarreal para limitarse a defender.
Los albinegros encontraron espacios y generaron ocasiones, especialmente a través de Marcos Moreno y Raúl Dacosta, aunque fue el conjunto local quien consiguió adelantarse en el marcador.
En el minuto 17, una combinación ofensiva del Villarreal B terminó con el balón en los pies de Barattucci, que aprovechó las facilidades de la defensa cartagenera para superar a Lucho García y establecer el 1-0. Un primer aviso de los problemas que terminarían castigando al Efesé durante la tarde.
Sin embargo, el Cartagena no bajó los brazos. Lejos de venirse abajo, el equipo fue creciendo con el paso de los minutos, mejorando su presencia en campo contrario y encontrando en Pablo de Blasis a uno de los futbolistas capaces de aportar criterio y tranquilidad al juego.
La recompensa llegó en el minuto 29. Marc Jurado puso un magnífico centro desde la banda derecha y Marcos Moreno conectó un extraordinario remate de cabeza que terminó en la escuadra contraria. Un gol de delantero, de los que necesitan precisión y confianza, que devolvía la igualdad al marcador y hacía justicia a los méritos del conjunto cartagenero.
El empate parecía reforzar las aspiraciones visitantes. El Cartagena atravesaba sus mejores minutos y daba la sensación de poder discutirle el partido al filial amarillo.
Pero antes del descanso llegó una noticia preocupante. Toni Villa tuvo que abandonar el terreno de juego por problemas musculares en el minuto 34, dejando su puesto a Rubén Richarte. Un contratiempo que obligaba a modificar los planes de Íñigo Vélez cuando su equipo estaba ofreciendo una imagen convincente.
Todavía hubo tiempo para alguna ocasión más. Ibán Ribeiro no acertó a resolver una llegada prometedora y Pablo de Blasis estuvo cerca de sorprender con un lanzamiento de falta que se marchó rozando el poste.
Con el 1-1 se alcanzó el descanso y con la sensación de que el Cartagena tenía argumentos suficientes para regresar a casa con un resultado positivo.
Pero el fútbol tiene la desagradable costumbre de castigar los errores, especialmente cuando enfrente hay un rival con calidad para aprovecharlos.
La segunda mitad comenzó con una oportunidad de Richarte, que cabeceó fuera un centro desde la izquierda. Parecía que el Cartagena mantenía el tono competitivo del primer periodo, pero todo cambió pocos minutos después.
En el minuto 52, una falta de entendimiento entre Imanol Baz y Jean Jules permitió a Viveros recuperar el balón y quedarse prácticamente solo ante Lucho García. El futbolista del Villarreal B resolvió con una vaselina que devolvía la ventaja a los locales.
El 2-1 hizo daño. Mucho daño.
El Cartagena perdió parte de la seguridad que había mostrado anteriormente y comenzó a transmitir una sensación de vulnerabilidad que el Villarreal B supo interpretar perfectamente.
Los locales encontraron espacios, aumentaron su presencia ofensiva y terminaron por asestar otro golpe en el minuto 66. Fofana recibió por la derecha, encaró a Imanol Baz y conectó un potente disparo que superó a Lucho García para establecer el 3-1.
El partido empezaba a escaparse definitivamente.
Íñigo Vélez intentó modificar el rumbo mediante los cambios, buscando recuperar profundidad y encontrar alguna acción que permitiera reducir distancias. Sin embargo, el Cartagena ya no era aquel equipo que había competido con personalidad durante la primera mitad.
Los minutos fueron pasando sin que los albinegros consiguieran generar ocasiones suficientemente claras para inquietar al guardameta local. El Villarreal B, cómodo con su ventaja, administraba el resultado ante un rival que parecía haber perdido buena parte de su confianza.
Y cuando el encuentro agonizaba, llegó el último castigo.
En el tiempo añadido, Bonafé firmó el definitivo 4-1 con un potente disparo desde fuera del área, poniendo el cierre a una segunda mitad para olvidar del conjunto cartagenero.
La goleada resulta especialmente dolorosa si se tiene en cuenta que el Cartagena había recibido únicamente cinco tantos durante las ocho primeras jornadas del campeonato. En Villarreal encajó cuatro en apenas noventa minutos, una circunstancia que obliga a revisar el comportamiento defensivo del equipo.
No se trata únicamente de haber perdido ante un rival importante. Las derrotas forman parte de cualquier competición y mucho más de una categoría tan exigente como Primera Federación. Lo verdaderamente preocupante es la facilidad con la que el encuentro pasó de estar equilibrado a convertirse en una goleada.
El Cartagena demostró durante la primera mitad que tiene fútbol para competir con los mejores, pero también dejó claro después del descanso que necesita corregir determinados errores si pretende mantenerse entre los aspirantes al ascenso.
La derrota supone un frenazo en las aspiraciones de un equipo que había comenzado la temporada mostrando una notable solidez. Ahora toca recuperar la confianza y, sobre todo, evitar que un mal resultado termine convirtiéndose en una dinámica negativa.
El calendario, además, no concede demasiado tiempo para lamentaciones.
El próximo miércoles 28 de octubre, el FC Cartagena visitará a la Deportiva Minera en el estadio Ángel Celdrán, en una eliminatoria de Copa del Rey que tendrá un atractivo especial por el enfrentamiento entre dos equipos del municipio cartagenero.
Posteriormente, el sábado 31 de octubre, los albinegros volverán a desplazarse para enfrentarse al Real Madrid Castilla en una nueva jornada liguera.
Dos compromisos que llegan en un momento importante y que servirán para comprobar la capacidad de reacción del conjunto de Íñigo Vélez.
Porque una derrota, por abultada que sea, no puede borrar todo lo bueno que el Cartagena había construido durante las primeras jornadas. Pero tampoco conviene mirar hacia otro lado.
En Villarreal, el Efesé recibió una advertencia seria: para luchar por objetivos importantes no basta con jugar bien durante una mitad. Hay que competir durante los noventa minutos.

