Cartagena tiene que volver a creer en su centro

Hoteles, comercio local, hostelería, ocio, cultura y nuevos espacios deben formar parte de una estrategia ambiciosa que devuelva vida al casco histórico.

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Cartagena tiene algo que muchas ciudades gastarían millones en intentar conseguir: historia, patrimonio, mar, gastronomía, cultura y una identidad reconocible. Tiene además uno de los conjuntos arqueológicos más importantes del Mediterráneo y una capacidad evidente para atraer visitantes. El problema, por tanto, no está únicamente en conseguir que la gente venga. El gran reto es lograr que quien llegue quiera quedarse, dormir, comprar, cenar, salir y volver.

Y para conseguirlo hay que empezar a pensar el centro de Cartagena como un conjunto. No basta con rehabilitar una calle, organizar actividades durante un fin de semana o conceder algunas ayudas a los comerciantes. Todo suma, por supuesto, pero una ciudad necesita una estrategia mucho más ambiciosa y continuada en el tiempo.

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El primer paso debería ser reforzar la capacidad hotelera. Si queremos una Cartagena turística de verdad, necesitamos hoteles. Alojamientos de diferentes categorías capaces de convertir al visitante de unas horas en un turista que permanezca varios días en la ciudad. Cada persona que duerme en Cartagena desayuna, come, cena, compra, visita museos, entra en comercios y genera actividad económica. El turismo que pernocta tiene una relación completamente diferente con la ciudad que aquel que llega por la mañana y se marcha unas horas después.

Pero tampoco serviría de mucho llenar habitaciones si al salir del hotel el visitante encuentra calles sin actividad y locales cerrados. El comercio tiene que convertirse en otra de las grandes patas de la recuperación del centro.

Cartagena necesita comercio, pero especialmente necesita un comercio con personalidad. Tiendas atractivas, pequeños establecimientos especializados, artesanía, productos gastronómicos, recuerdos vinculados realmente con Cartagena, diseño, moda, cultura y negocios capaces de ofrecer algo diferente a lo que puede encontrarse en cualquier centro comercial de cualquier ciudad.

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El propio Ayuntamiento mantiene actualmente un Plan de Apoyo a la Actividad Comercial del Casco Histórico, cuya convocatoria de 2026 fue dotada con 130.000 euros y está destinada precisamente a impulsar nuevas actividades y la remodelación de establecimientos. En 2025 estas ayudas respaldaron 14 proyectos relacionados, entre otros ámbitos, con la gastronomía, la artesanía y el bienestar. Es un camino abierto que debería profundizarse y, sobre todo, formar parte de una estrategia global de ciudad.

Y junto al comercio está inevitablemente la hostelería. Los bares y restaurantes son fundamentales para mantener viva una ciudad. Cartagena cuenta con una oferta importante, pero buena parte de esa actividad continúa concentrándose alrededor del eje formado por la calle del Carmen, Puertas de Murcia y calle Mayor. La recuperación real llegará cuando esa actividad consiga extenderse hacia otras calles y plazas.

Hay que conseguir que caminar por el centro no signifique recorrer siempre los mismos quinientos metros.

San Fernando, Santa Florentina, Serreta, Gisbert, Honda, Balcones Azules, San Diego, Beatas, Jabonerías y tantas otras calles pueden formar parte de una ciudad mucho más extensa comercialmente. El propio Ayuntamiento reconoce oficialmente distintas áreas comerciales más allá del eje tradicional del casco histórico, incluyendo San Fernando, La Milla y otros corredores urbanos.

Pero todavía falta otra pieza: el ocio.

Una ciudad turística no puede apagarse cuando cierran los museos o los comercios. Cartagena necesita salas de conciertos, pequeños espacios culturales, locales con música en directo, ocio nocturno ordenado y propuestas dirigidas a públicos diferentes. Espacios donde pueda actuar un grupo local un viernes por la noche, donde puedan programarse conciertos de pequeño y mediano formato o donde alguien que haya pasado el día visitando la ciudad encuentre algo que hacer después de cenar.

No todo puede depender de los grandes festivales o de acontecimientos puntuales. Cartagena tiene magníficos eventos culturales, pero una ciudad viva necesita programación los doce meses del año y también iniciativa privada. Necesita empresarios dispuestos a arriesgar y una administración capaz de facilitar que esas ideas puedan convertirse en negocios compatibles con el descanso de los vecinos.

Y ahí aparece probablemente uno de los asuntos más importantes: las trabas.

Abrir un comercio, rehabilitar un inmueble antiguo, transformar un bajo comercial o poner en marcha determinados negocios dentro de un casco histórico protegido puede convertirse en un proceso complejo. Evidentemente, Cartagena debe proteger su patrimonio. Precisamente ese patrimonio constituye una de sus mayores riquezas. Pero proteger no puede significar paralizar. Hay que encontrar fórmulas que permitan conservar los edificios históricos y, al mismo tiempo, devolverles vida.

En estos momentos está en marcha precisamente la revisión del Plan Especial de Ordenación y Protección del Conjunto Histórico de Cartagena, cuyo avance fue sometido a información pública en 2026. Es una oportunidad para reflexionar sobre qué centro queremos durante las próximas décadas.

Porque la recuperación tampoco consiste exclusivamente en atraer turistas. El centro necesita vecinos. Personas que vivan allí todos los días, que compren el pan, lleven a sus hijos al colegio, entren en una cafetería, hagan sus compras y enciendan las luces de sus viviendas cuando cae la noche. Turismo, vivienda, comercio, hostelería, cultura y ocio no deberían plantearse como compartimentos independientes. Todo forma parte del mismo ecosistema urbano.

Cartagena tiene materia prima de sobra para conseguirlo.

Tiene puerto, patrimonio arqueológico, edificios modernistas, museos, Semana Santa, Carthagineses y Romanos, grandes festivales, gastronomía, universidades, costa y una historia que pocas ciudades pueden contar. No estamos hablando de inventar un atractivo que no existe. Estamos hablando de aprovechar mucho mejor el que ya tenemos.

Para hacerlo habrá que trabajar durante años. Habrá errores, inversiones que no funcionen y obstáculos administrativos que superar. También será necesaria inversión privada. Pero, por encima de todo, hace falta una dirección clara.

Cartagena necesita un gobierno municipal, sea quien sea quien lo ocupe en cada momento, que entienda que recuperar el centro no consiste únicamente en cambiar adoquines o inaugurar actuaciones aisladas. Hace falta liderazgo, planificación, valentía administrativa y capacidad para sentar alrededor de una misma mesa a comerciantes, hosteleros, hoteleros, propietarios, vecinos, promotores y colectivos culturales.

Hay mucho trabajo por hacer y muchas barreras que derribar. Pero también existe una oportunidad extraordinaria.

Cartagena no necesita convertirse en otra ciudad. Necesita aprovechar todo aquello que la hace diferente.

Hoteles para quedarse. Comercios para pasear y comprar. Restaurantes y bares que llenen de actividad nuevas calles. Viviendas que devuelvan vecinos al casco histórico. Salas de conciertos y locales de ocio que mantengan la ciudad despierta cuando termine el día. Y patrimonio recuperado que siga recordándonos de dónde venimos.

Si todas esas piezas empiezan a funcionar juntas, el centro dejará de ser únicamente un lugar al que acudir en determinadas fechas para volver a convertirse en lo que siempre debería haber sido: el corazón de Cartagena.

Y una ciudad que consigue que su corazón vuelva a latir tiene buena parte del camino recorrido para volver a ser grande.

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Aida Belmonte
Aida Belmonte
Aida Belmonte dirige ¿Dónde Comemos? Cartagena, donde lidera el enfoque informativo del medio y la cobertura de actualidad local, cultural y social en Cartagena y su comarca.
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