Los billetes que llevamos más de dos décadas guardando en la cartera están camino de convertirse en parte de la historia. El Banco Central Europeo (BCE) prepara una nueva generación de billetes de euro que cambiará considerablemente la imagen del dinero en efectivo que utilizan millones de ciudadanos cada día. No será mañana ni el próximo año, pero el proceso ya ha entrado en una de sus fases decisivas: existen diez propuestas finalistas y los europeos están participando en la elección de su futura apariencia.
El cambio no responde únicamente a una cuestión estética. El BCE considera necesario renovar periódicamente los billetes para mantenerse por delante de las técnicas de falsificación, incorporar nuevos elementos de seguridad y aprovechar los avances tecnológicos. La nueva serie también pretende ser más sostenible, accesible para personas con discapacidad visual, inclusiva y fácilmente reconocible.
Hay además una cuestión simbólica. Los euros actuales nacieron con una peculiaridad: los puentes, ventanas y puertas que aparecen en ellos representan diferentes épocas y estilos arquitectónicos europeos, pero fueron concebidos para no identificar de forma protagonista a un país concreto. Ahora el BCE quiere que los ciudadanos encuentren una conexión más directa con aquello que aparece impreso en el dinero que utilizan diariamente.
Y aquí comienza una de las partes más curiosas de todo el proceso. Los nuevos euros podrían llevar por primera vez en esta serie rostros de personajes históricos perfectamente reconocibles.
Una de las dos opciones se denomina «La cultura europea». Si finalmente resulta elegida, el billete de 5 euros estaría dedicado a Maria Callas, el de 10 euros a Ludwig van Beethoven, el de 20 euros a Marie Curie, el de 50 euros a Miguel de Cervantes, el de 100 euros a Leonardo da Vinci y el de 200 euros a Bertha von Suttner, escritora y activista por la paz que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1905.
España tendría así una presencia especialmente reconocible en uno de los billetes más utilizados: Miguel de Cervantes sería el protagonista del billete de 50 euros. En su reverso aparecería una biblioteca con adultos leyendo libros impresos y digitales y niños buscando libros entre las estanterías. No se trata, por tanto, simplemente de colocar personajes famosos sobre los billetes. Cada denominación pretende contar una pequeña historia relacionada con la cultura europea.
El billete de 5 euros relacionaría a Callas con las artes escénicas; Beethoven estaría vinculado a la música en el de 10; Marie Curie a la educación y las universidades en el de 20; Cervantes a las bibliotecas en el de 50; Leonardo da Vinci a museos y exposiciones en el de 100, y Bertha von Suttner a los espacios públicos en el de 200 euros.
Pero puede ocurrir que ninguno de ellos termine apareciendo en nuestra cartera.
La segunda alternativa es completamente diferente y recibe el nombre de «Ríos y aves». En este caso los protagonistas serían la naturaleza, los paisajes europeos y distintas especies de aves. La serie estaría concebida casi como un viaje: comenzaría en los manantiales de montaña del billete de 5 euros y avanzaría siguiendo el curso del agua hasta terminar en el paisaje marino del billete de 200.
También aquí cada cantidad tendría su propia identidad. El 5 euros mostraría un treparriscos junto a un paisaje de montaña; el de 10, un martín pescador asociado a una cascada; el de 20, abejarucos junto a un valle fluvial; el de 50, una cigüeña blanca sobre un río serpenteante; el de 100, una avoceta en la desembocadura de un río, y el de 200 euros llevaría hasta el mar con un alcatraz sobre las olas.
Los reversos esconderían otra particularidad: aparecerían las principales instituciones europeas. El Parlamento Europeo estaría relacionado con el billete de 5 euros; la Comisión Europea, con el de 10; el Banco Central Europeo, con el de 20; el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, con el de 50; el Consejo Europeo y el Consejo de la Unión Europea, con el de 100, y el Tribunal de Cuentas Europeo, con el de 200.
Llegar hasta estas propuestas tampoco ha sido sencillo. Más de 365.000 europeos participaron en las consultas previas que ayudaron a determinar las temáticas. Posteriormente, el BCE convocó en 2025 un concurso abierto a diseñadores residentes en la Unión Europea. Se recibieron 1.241 candidaturas procedentes de todos los países de la UE, de las que 25 pasaron a la siguiente fase. Finalmente, un jurado independiente seleccionó diez propuestas, cinco correspondientes a cada una de las dos temáticas.
Y la participación ciudadana ha alcanzado unas dimensiones inesperadas. Según explicó recientemente el BCE, más de nueve millones de personas habían participado ya en la consulta sobre los diseños, una cifra que la institución considera una de las mayores participaciones registradas en una encuesta pública europea. La consulta online concluye este 21 de septiembre de 2026.
Eso no significa que el diseño más votado vaya automáticamente a convertirse en el próximo euro. Las opiniones de los ciudadanos serán tenidas en cuenta por el Consejo de Gobierno del BCE, que tiene previsto adoptar la decisión definitiva alrededor de finales de 2026.
Tampoco habrá que correr a guardar los billetes actuales como recuerdo. El cambio será lento. Una vez seleccionado el diseño definitivo comenzará todo el proceso técnico de desarrollo y producción, incluida la incorporación de las medidas de seguridad que tendrá la nueva generación. El BCE advierte de que pasarán varios años antes de que los nuevos billetes lleguen realmente a nuestros bolsillos, y la previsión actual apunta a una introducción gradual durante la próxima década.
El rediseño llega, además, en un momento curioso para el dinero físico. Mientras los pagos con tarjeta y teléfono móvil forman ya parte de la vida cotidiana y Europa trabaja paralelamente en el proyecto del euro digital, el BCE insiste en mantener el efectivo como una pieza fundamental del sistema monetario. La renovación de los billetes es precisamente una señal de que el efectivo seguirá formando parte del futuro del euro.
Cuando finalmente lleguen, seguiremos pagando con 5, 10, 20, 50, 100 y 200 euros. El valor será el mismo, pero posiblemente nos costará unos segundos reconocerlos. Después de más de veinte años acostumbrados a puentes, puertas y ventanas, nuestra cartera podría llenarse de Cervantes, Beethoven y Marie Curie o, por el contrario, de cigüeñas, martines pescadores, ríos y paisajes europeos.
El euro seguirá siendo el euro. Pero su cara está a punto de cambiar.

