Cuatro bancos y una fábrica de zinc en Torreciega

Economía trimilenaria. Las empresas que hicieron (y deshicieron) Cartagena y su comarca. Española del Zinc (1): el auge.

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En 1956 la gran banca española decidió que la blenda de la sierra se fundiera en Cartagena. Así nació Española del Zinc.

La crisis de 1929 había dejado la minería de la sierra casi parada, y la posguerra, con un país cerrado sobre sí mismo y sin divisas, apenas dio margen para invertir. A mediados de los cincuenta, cuando la autarquía empezaba a aflojar, la Sierra de Cartagena-La Unión vivía un segundo aire. Las galerías iban dejando paso a las cortas a cielo abierto y a los lavaderos de flotación, que sacaban concentrado de plomo y zinc en cantidades que la comarca no veía desde hacía décadas. Con el zinc había un problema: había que fundirlo fuera, porque la única fundición del país estaba en Asturias.

El 28 de abril de 1956 se constituyó en Madrid Española del Zinc, S.A. Detrás estaban cuatro bancos: el Central, el Bilbao, el Santander y el Vizcaya. El primer presidente fue el del propio Banco Central, y en la operación tuvo mucho que ver un aguileño que entonces era subdirector general de esa entidad, Alfonso Escámez. Con los años los otros tres bancos salieron del capital y el Central se quedó como accionista de referencia.

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La fábrica se levantó en Torreciega, en la diputación de El Hondón, a un kilómetro del centro y cerca del puerto de Escombreras. Empezó a producir hacia 1960, justo cuando el Plan de Estabilización de 1959 abría la economía española al exterior. Funcionaba por electrólisis: el mineral se tostaba, se disolvía en ácido sulfúrico y el zinc se depositaba en cátodos. Del mismo proceso salían ácido sulfúrico y cementos de cobre que también se vendían. En febrero de 1967 la constructora Huarte todavía levantaba naves nuevas dentro del recinto.

Cuando la blenda de la sierra empezó a escasear, llegaron concentrados de Sierra Almagrera y del extranjero, descargados en Escombreras. La producción se asentó en torno a las 47.000 toneladas anuales de zinc y derivados, y la compañía pasó a cotizar en bolsa.

Para Cartagena fue una pieza más de la industrialización de aquellos años, junto a la refinería de Escombreras y el astillero de Bazán, que a principios de los sesenta empleaba a unas 4.100 personas. Los vecinos de Torreciega que la conocieron en marcha recuerdan sobre todo que daba mucho trabajo. También las nubes amarillas y las ventanas cerradas, algo que en el barrio se aguantó durante años precisamente por eso.

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Dentro tampoco fue un sitio tranquilo. Según la historiadora Gloria Bayona, en 1962 un paro terminó con despidos masivos, y el convenio de ese año apenas movió los sueldos, de 325 a 350 pesetas. En la nave de residuos trabajaba un cura obrero, Juan López Bermúdez, uno de los sacerdotes cercanos a la HOAC que respaldaron a los trabajadores de la comarca. La negociación colectiva siguió siendo dura el resto de la década.

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Lo que pasó dentro de aquellas naves, entre convenios, paros y expedientes, da para otra historia. La contaremos en la próxima entrega.

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Juan Francisco Galindo
Juan Francisco Galindo
Economista y asesor fiscal y mercantil. Cartagenero de nacimiento, unionense de adopción y con el corazón en el Campo de Cartagena, lleva años trabajando con empresas de la comarca. Cree que muchas de sus historias merecen contarse fuera de los libros de cuentas, y esta serie es su manera de hacerlo.
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