Cartagena vuelve a mirar a su historia para reclamar su futuro. Este 4 de octubre, ciudadanos y colectivos se han concentrado para reivindicar la restitución de la Provincia de Cartagena, una aspiración que sus defensores presentan no como un enfrentamiento territorial, sino como una propuesta para recuperar peso político, acercar la administración al ciudadano y conseguir un reparto más equilibrado de los recursos dentro de la actual comunidad autónoma.
La fecha no está elegida al azar. El manifiesto recuerda que hace 227 años, durante el reinado de Carlos IV, el Real Decreto de 25 de septiembre de 1799 y la posterior instrucción del 4 de octubre dieron lugar a la creación de la Provincia de Cartagena, promovida por el superintendente de Hacienda Miguel Cayetano Soler. Aquella provincia tuvo una existencia breve en el marco administrativo, hasta su desaparición en 1805, con una reaparición efímera en 1821.
Pero quienes defienden hoy su restitución consideran que la cuestión va mucho más allá de recuperar una división administrativa de hace dos siglos. El manifiesto sitúa la reivindicación sobre una realidad territorial, económica e histórica que engloba al Campo de Cartagena y su comarca natural, y recuerda el papel desempeñado a lo largo del tiempo por municipios y territorios como Cartagena, La Unión, Torre Pacheco, Fuente Álamo, Mazarrón, Águilas, San Javier, San Pedro del Pinatar y Los Alcázares.
La reivindicación provincial adquiere además una dimensión especialmente interesante cuando se observa desde el presente. Una comunidad autónoma formada por dos provincias tendría una estructura institucional diferente y permitiría que Cartagena y su entorno dispusieran de una representación territorial propia en determinados ámbitos del Estado. No se trataría únicamente de colocar una nueva línea sobre el mapa. Significaría reconocer políticamente un territorio que aporta una parte sustancial de la capacidad industrial, portuaria, logística, energética, agrícola y turística del sureste español.
Y ahí aparece una cuestión difícil de ignorar. Cartagena es uno de los grandes polos energéticos e industriales de España, con el Valle de Escombreras como pieza estratégica. A ello se suma uno de los principales puertos del Mediterráneo español, una potente industria, el sector naval, la actividad logística y el enorme potencial agroalimentario del Campo de Cartagena. Una segunda provincia permitiría a la comunidad autónoma proyectar con mayor fuerza institucional esa realidad y aumentar el peso específico de un territorio que, en demasiadas ocasiones, siente que aporta mucho más de lo que posteriormente recibe.
Porque detrás de esta reivindicación también existe una discusión sobre el dinero. Durante décadas se ha instalado en Cartagena y su comarca la percepción de que buena parte de la inversión, de los organismos públicos, de las infraestructuras administrativas y de la capacidad de decisión termina concentrándose en el mismo municipio: la capital autonómica. La creación de una provincia no resolvería por sí sola todos los desequilibrios, pero obligaría a configurar nuevas estructuras administrativas y abriría la posibilidad de distribuir de manera diferente inversiones, servicios públicos, empleo institucional y capacidad política.
Ese quizá sea uno de los argumentos más actuales del movimiento provincialista. No se trata de quitar para que otros tengan menos, sino de repartir para que todos tengan más oportunidades. Una comunidad con dos grandes polos institucionales podría funcionar de una manera más equilibrada y aprovechar mejor las fortalezas de cada territorio. Cartagena no necesita crecer a costa de nadie. Necesita que aquello que genera tenga también una correspondencia razonable en inversiones, infraestructuras y servicios.
El propio manifiesto insiste precisamente en alejar la reivindicación del enfrentamiento. Sus promotores aseguran que la iniciativa «no se dirige contra nadie», que no pretende dividir y que busca una administración pública más cercana y una organización territorial capaz de responder mejor a las necesidades de los ciudadanos. También reclama oportunidades para que los jóvenes puedan permanecer en sus municipios y el reconocimiento del peso económico, cultural, científico, agrícola y marítimo que este territorio aporta al conjunto de la comunidad autónoma.
Hay además un componente histórico imposible de separar de la reivindicación. Cartagena ha sido puerto, frontera, plaza militar, centro industrial y enclave estratégico durante siglos. Fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos y musulmanes dejaron aquí parte de una historia mediterránea que posteriormente continuó con la Cartagena cristiana, el Arsenal, la minería, la industria y figuras como Isaac Peral. El manifiesto utiliza precisamente ese recorrido para defender que la identidad del territorio ha sobrevivido a los sucesivos cambios administrativos.
La cuestión, por tanto, no debería despacharse simplemente como una mirada romántica al pasado. Se puede estar a favor o en contra de una Provincia de Cartagena, discutir sus límites, analizar su viabilidad económica o cuestionar qué ventajas reales produciría. Todo eso forma parte de un debate legítimo. Lo que resulta más difícil de justificar es que ese debate ni siquiera pueda plantearse con normalidad.
Los participantes en la concentración quieren precisamente eso: que se hable de Cartagena, de su comarca natural, de su aportación económica y de cuál debe ser su papel durante las próximas décadas. El manifiesto termina reclamando que nadie escriba el futuro de estos pueblos sin contar con sus habitantes y defendiendo que la historia pueda convertirse en un instrumento para construir el futuro.
Doscientos veintisiete años después de aquel 4 de octubre, la Provincia de Cartagena vuelve así a aparecer no solamente como un recuerdo histórico, sino como una propuesta política y territorial. Y quizá la pregunta ya no sea únicamente si Cartagena fue provincia alguna vez. Eso pertenece a la historia. La verdadera pregunta es si una comunidad autónoma con dos provincias, dos centros de representación y un reparto territorial más equilibrado tendría más fuerza dentro de España y sería más justa con quienes generan buena parte de su riqueza.
Ese es el debate que vuelve a ponerse encima de la mesa. Y Cartagena, una vez más, quiere tener voz propia para participar en él.



Muchas gracias Carmelo. Un artículo genial, en el que recoges la esencia del Manifiesto.
Gracias de nuevo. Un abrazo.