Hay victorias que sirven para sumar tres puntos y otras que, además, permiten recuperar algo que parecía haberse quedado por el camino. El Jimbee Cartagena necesitaba ganar, por supuesto, pero también necesitaba reconocerse. Volver a mirarse al espejo y encontrar a ese equipo atrevido, intenso, descarado y capaz de convertir una pista de fútbol sala en un auténtico espectáculo. Y este sábado, ante Catgas Energía, los hombres de Duda volvieron a parecerse mucho a aquellos que tantas alegrías han dado a Cartagena.
Pero antes de que el balón comenzara a rodar, el Palacio de los Deportes vivió uno de esos momentos en los que el deporte deja de ser lo más importante. Un respetuoso minuto de silencio recordó a las víctimas del trágico accidente ferroviario ocurrido en Urda, Toledo. Un instante de recogimiento que unió a jugadores, técnicos y aficionados en el recuerdo de quienes perdieron la vida. Porque hay días en los que el marcador pasa inevitablemente a un segundo plano y el silencio dice mucho más que cualquier ovación.
Después llegó el fútbol sala. Y vaya si llegó.
Desde los primeros compases se pudo comprobar que el Jimbee tenía ganas de reivindicarse. La circulación de balón, la presión sobre el rival y, especialmente, esa velocidad para encontrar espacios que tantas veces ha caracterizado al equipo de Duda comenzaron a dibujar una imagen que hacía tiempo que la afición esperaba recuperar.
El primer gol tuvo, además, un protagonista especial. Pablo Ramírez, que regresaba después de varias semanas apartado por lesión, necesitó muy poco tiempo sobre la pista para demostrar que el olfato goleador no se pierde. Un rechace del guardameta visitante, tras una acción a balón parado, terminó en sus botas y el balón acabó dentro de la portería. Era el 1-0 y también una magnífica manera de celebrar su regreso.
El Jimbee estaba cómodo, se sentía superior y, sobre todo, transmitía confianza. Osamanmusa amplió la ventaja con una excelente definición, aunque los visitantes encontraron el 2-1 por medio de Eric Pérez. Un gol que pudo sembrar dudas, pero que esta vez no consiguió alterar demasiado el rumbo de los cartageneros.
Porque este Jimbee tenía respuesta.
Juninho apareció para firmar el tercero tras una gran acción de Osamanmusa y, poco antes del descanso, volvió a demostrar su calidad transformando un doble penalti que establecía el 4-1. El Palacio disfrutaba y el equipo comenzaba a recordar sus mejores tardes.
No era únicamente una cuestión de goles. Era la sensación de estar viendo nuevamente a un conjunto con personalidad, con recursos ofensivos y con futbolistas capaces de interpretar el partido con esa mezcla de talento y sacrificio que resulta imprescindible para competir entre los mejores.
Tras el descanso, lejos de conformarse, el Jimbee continuó haciendo daño. Waltinho aprovechó una buena acción colectiva para marcar el quinto y Osamanmusa colocó el sexto apenas unos instantes después. El 6-1 reflejaba la superioridad local y permitía disfrutar de un fútbol sala vistoso, rápido y efectivo.
Sin embargo, no todo fue perfecto, y también conviene decirlo. La expulsión de Tomaz, después de una revisión arbitral, abrió un periodo de incertidumbre que los visitantes aprovecharon para reducir distancias. Primero Aniol y después Víctor Pérez situaron el 6-3, recordando que en este deporte ningún partido debe darse por terminado antes de tiempo.
Fue probablemente el tramo menos convincente de los cartageneros, obligados a defender ante un rival que apostó por el portero-jugador y que trató de encontrar una remontada que parecía imposible.
Pero el Jimbee de este sábado tenía demasiado fútbol en sus botas como para permitir que se escapara una victoria tan trabajada.
Juninho completó su triplete aprovechando un error visitante en la salida de balón y Waltinho puso la guinda con un lanzamiento desde su propio campo a portería vacía. El 8-3 definitivo cerraba una tarde de goles, emociones y, especialmente, buenas sensaciones.
También hubo tiempo para el debut liguero de David Allan, que apareció en los últimos instantes y dejó su tarjeta de presentación deteniendo un doble penalti. Una de esas pequeñas historias que enriquecen una victoria colectiva.
Ocho goles, tres puntos y una imagen que invita al optimismo. Pero quizá lo más importante no aparezca reflejado en ninguna estadística.
El Jimbee Cartagena volvió a transmitir esa sensación de equipo grande que sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Volvió a combinar con criterio, a buscar el gol con ambición y a demostrar que tiene jugadores capaces de desequilibrar cualquier encuentro.
Es cierto que enfrente estaba un rival necesitado de puntos y que todavía quedan aspectos defensivos por corregir. También es verdad que una victoria, por amplia que sea, no borra de golpe las dificultades de un comienzo de temporada irregular. Pero sería injusto no reconocer que lo visto sobre la pista supone un paso adelante importante.
Duda tiene motivos para estar satisfecho, aunque seguramente también encontrará detalles que corregir. Esa es precisamente una de las virtudes de los equipos que aspiran a grandes cosas: disfrutar de las victorias sin dejar de exigirse.
La afición cartagenera conoce bien a este grupo. Lo ha visto sufrir, levantarse, competir y alcanzar metas que hace algunos años parecían reservadas para otros. Por eso sabe distinguir cuándo su equipo simplemente gana y cuándo, además, vuelve a despertar ilusiones.
Este sábado sucedieron ambas cosas.
El Jimbee ganó, goleó y, por momentos, recordó a sus mejores versiones. A ese conjunto que no espera a que sucedan las cosas, sino que sale a buscarlas. A ese equipo que convierte el esfuerzo en espectáculo y que ha conseguido que Cartagena ocupe un lugar destacado en el fútbol sala nacional.
Queda mucha temporada y sería precipitado lanzar las campanas al vuelo. Pero también hay que saber disfrutar cuando el fútbol ofrece motivos para hacerlo.
Hoy el Palacio volvió a sonreír. Y el Jimbee, después de algunas jornadas de dudas, volvió a recordarnos por qué nos gusta tanto verlo jugar.
Porque ganar es importante, pero recuperar la identidad puede valer todavía más.

