Durante unas horas, el cielo consiguió este miércoles que miles de personas miraran en una misma dirección. El eclipse de Sol movilizó a vecinos, visitantes y aficionados a la astronomía a lo largo de toda la costa de la provincia marítima de Cartagena, desde San Pedro del Pinatar hasta Águilas, en busca del mejor lugar desde el que contemplar uno de los grandes espectáculos astronómicos del verano.
Desde bastante antes del inicio del fenómeno, los lugares elevados comenzaron a llenarse. Montes, cabezos, miradores y espacios abiertos con el horizonte despejado fueron algunos de los puntos escogidos, aunque también las playas y numerosos rincones del litoral se convirtieron en improvisados observatorios.
Desde el extremo norte, en San Pedro del Pinatar y el entorno del Mar Menor, hasta el litoral de Águilas, pasando por La Manga, Cabo de Palos, Cartagena, Mazarrón y otros puntos de la costa, fueron muchos los que decidieron reservar la tarde para mirar al cielo.
Había quien llegó con silla, agua y algo para comer; quien buscó simplemente una zona despejada desde la que observar el horizonte; y quien acudió preparado con cámaras, teleobjetivos, trípodes y las imprescindibles gafas homologadas para contemplar el eclipse de forma segura. Familias enteras, grupos de amigos y aficionados a la fotografía compartieron durante unas horas una espera que tuvo también sus momentos de incertidumbre.
Porque alguna nube decidió hacer la gamberra.
Cuando todas las miradas estaban pendientes del Sol, las nubes aparecieron en algunos puntos y se interpusieron durante unos minutos entre el espectáculo y quienes llevaban tiempo esperando para contemplarlo. Hubo momentos en los que parecía que podían estropear la función, especialmente cuando el fenómeno avanzaba hacia sus instantes más esperados.
Pero finalmente el cielo concedió suficientes treguas.
El eclipse pudo disfrutarse a lo largo de la costa de la provincia marítima de Cartagena, dejando imágenes espectaculares sobre el Mediterráneo y el Mar Menor. La Luna fue avanzando sobre el disco solar hasta transformar el Sol en una llamativa media luna luminosa que destacó sobre las montañas y el horizonte.
En los puntos elevados, el espectáculo estuvo también a ras de suelo. Decenas de personas permanecían sentadas o de pie mirando hacia poniente mientras la luz adquiría una tonalidad diferente a la de cualquier tarde normal de agosto. En las playas, otros tantos siguieron el fenómeno junto al mar, aprovechando un escenario privilegiado para observar cómo cambiaba poco a poco la apariencia del Sol.
Las fotografías tomadas durante la tarde dejaron constancia de esos momentos. En unas, el Sol aparece convertido en una fina media luna sobre la silueta de las montañas; en otras, las nubes aportan todavía más dramatismo a la escena; y en muchas de ellas el protagonismo lo comparten el cielo y las numerosas personas que se desplazaron expresamente para presenciar el fenómeno.
De San Pedro del Pinatar a Águilas, el litoral vivió una tarde diferente, con playas, montes y miradores convertidos por unas horas en enormes balcones abiertos hacia el cielo.
Y aunque alguna nube quiso hacerse protagonista y poner algo de suspense a la tarde, terminó teniendo que conformarse con un papel secundario. El espectáculo estaba mucho más arriba.
















