Las monodosis no se retiran este agosto: seguirán hasta 2030 y sobrevivirán en el «delivery»

Los sobres y tarrinas de plástico podrán utilizarse hasta 2030 y seguirán permitidos en la comida para llevar y a domicilio.

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Ni los bares tienen que vaciar hoy los cajones de sobres de kétchup, ni los restaurantes están obligados a tirar las tarrinas de mayonesa que guardan en el almacén, ni el repartidor va a dejar de llevar salsa para las patatas. La aplicación desde este 12 de agosto del nuevo reglamento europeo de envases ha provocado una enorme confusión, alimentada por titulares que han convertido un proceso de cuatro años en una prohibición inmediata. La realidad es bastante más sencilla: las monodosis de plástico de un solo uso podrán seguir utilizándose en la hostelería hasta el 1 de enero de 2030 y, cuando llegue esa fecha, tampoco desaparecerán de todos los sitios ni en todas las circunstancias.

La norma que está detrás de este cambio no es una nueva ley española, sino el Reglamento (UE) 2025/40 sobre los envases y residuos de envases, conocido como PPWR. Entró en vigor el 11 de febrero de 2025 y es aplicable con carácter general desde el 12 de agosto de 2026 en todos los países de la Unión Europea. Sin embargo, su artículo 25 fija expresamente el 1 de enero de 2030 para las restricciones recogidas en el anexo V, que es precisamente donde aparecen las dosis individuales utilizadas en bares, cafeterías, restaurantes y hoteles. Por tanto, este agosto no marca el día de su retirada, sino el comienzo formal de una adaptación que fabricantes, distribuidores y hosteleros deberán completar durante los próximos años.

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Lo que se restringirá en 2030 son los envases de plástico de un solo uso que contienen dosis o raciones individuales de condimentos, conservas, salsas, leche para el café, azúcar y aliños en el canal HORECA. Ahí entran los sobres y pequeñas tarrinas de kétchup, mayonesa o mostaza, las cápsulas de leche, los envases de aceite y vinagre y las porciones de productos como mantequilla, miel o mermelada que se sirven para consumir en el propio establecimiento. La norma cita como formatos las bolsitas, tarrinas, bandejas y cajas, pero no prohíbe la monodosis por el mero hecho de ser pequeña: lo que persigue es el envase de plástico desechable ligado a ese uso concreto.

Esto significa que no desaparecerán necesariamente los sobres de papel ni otros formatos sin plástico. Ahora bien, tampoco bastará con que un envase parezca de papel por fuera. La orientación publicada por la Comisión Europea advierte de que los envases compuestos con una presencia relevante de plástico también pueden quedar sometidos a la restricción. Muchos sobres flexibles necesitan una película interior para conservar el alimento y evitar fugas, de modo que la industria tendrá que rediseñarlos de verdad y no limitarse a cambiarles el aspecto.

El motivo es fácil de entender. Un sobre que protege diez gramos de salsa cumple su función durante unos segundos y se convierte inmediatamente en residuo. Además, por su reducido tamaño suele escapar de los procesos de clasificación: un estudio técnico de RecyClass concluyó que los envases flexibles con una superficie inferior a 30 centímetros cuadrados tienen muchas probabilidades de atravesar los tamices y terminar en la fracción de rechazo. A ello se suman los restos de alimento y las estructuras formadas por varias capas de materiales. No se trata únicamente de reciclar más, sino de evitar que el residuo llegue a existir. La Comisión Europea recuerda que en 2022 se generaron en la Unión 186,5 kilos de residuos de envases por habitante, que el 40 % del plástico utilizado se destina a envases y que la mitad de la basura marina procede de ellos. El objetivo comunitario es reducir los residuos de envases por persona un 5 % en 2030, un 10 % en 2035 y un 15 % en 2040 respecto a 2018.

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En las mesas volverán a ganar terreno los dispensadores, los botes con dosificador, los recipientes colectivos y las pequeñas salseras reutilizables preparadas en cocina. También aparecerán monodosis fabricadas con materiales alternativos que cumplan las exigencias de conservación y reciclabilidad. El cambio, sin embargo, no será tan sencillo como colocar un bote grande de mayonesa junto a la barra. Los establecimientos tendrán que reforzar la limpieza y desinfección, vigilar las temperaturas y las fechas de apertura, evitar contaminaciones cruzadas y mantener bajo control los alérgenos. También deberán medir mejor las cantidades para que la reducción de plástico no termine provocando más desperdicio de salsa, leche, mantequilla o mermelada. Habrá menos envoltorios, pero más trabajo de reposición, lavado y control.

El aceite plantea en España un problema añadido que rara vez se cuenta. Desde 2014, el Real Decreto 895/2013 obliga a que los aceites puestos a disposición del consumidor en hostelería estén en envases etiquetados, con una apertura que pierda su integridad al utilizarse y con un sistema que impida rellenarlos cuando se agoten. Es decir, la salida no puede consistir simplemente en recuperar la vieja aceitera anónima y rellenarla cada mañana. Los restaurantes podrán recurrir a botellas de mayor capacidad, debidamente etiquetadas y con tapón irrellenable, que sirvan para varias mesas mientras conserven su contenido, o a las nuevas soluciones que desarrolle el sector, pero deberán respetar al mismo tiempo la reducción de envases y la trazabilidad del aceite. Ahí queda uno de los nudos que fabricantes y hosteleros tendrán que resolver antes de 2030.

La comida para llevar y el reparto a domicilio tendrán un tratamiento diferente. El propio anexo V exceptúa los envases individuales que se ofrecen junto a comida preparada para llevar, destinada al consumo inmediato y que no necesita ninguna preparación adicional. En términos prácticos, un restaurante podrá seguir enviando sobres o tarrinas de salsa con una hamburguesa, un kebab, unas patatas o un pedido de sushi. En ese contexto, el pequeño envase continúa cumpliendo una función de transporte, conservación, dosificación e higiene que resulta mucho más difícil de sustituir. La excepción no es una autorización general para repartir monodosis sin límite: deben acompañar a una comida preparada para consumir fuera del local. El mismo sobre que podrá viajar dentro de una bolsa de reparto no podrá colocarse en la mesa de un cliente que come en el establecimiento.

La segunda excepción afecta a hospitales, clínicas y residencias con asistencia médica cuando las porciones individuales sean necesarias para garantizar la seguridad y la higiene de personas que reciben cuidados individualizados. Fuera de esos supuestos, la restricción llegará también a los bares y restaurantes de los hoteles. Y el reglamento va más lejos en el alojamiento: desde 2030 también limitará los pequeños envases de un solo uso de champú, gel, crema y jabón destinados a una sola reserva y desechados antes de la llegada del siguiente huésped.

El «take away» conservará las salsas individuales, pero no quedará al margen de la transformación. A más tardar el 12 de febrero de 2027, los negocios que vendan bebidas o comida preparada para llevar deberán permitir que el consumidor aporte su propio recipiente, sin cobrarle más ni ofrecerle peores condiciones, e informar de esa posibilidad de forma visible. Desde el 12 de febrero de 2028 deberán ofrecer además una opción de envase reutilizable dentro de un sistema de reutilización, aunque las microempresas estarán exentas de esta segunda obligación. Son medidas diferentes de la excepción de las salsas y conviene no mezclarlas: Europa no impide que una mayonesa monodosis acompañe a un pedido a domicilio, pero sí quiere que el recipiente principal de la comida deje de ser siempre de usar y tirar.

España, en realidad, ya había iniciado este camino. La Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados obliga a los agentes que comercializan productos monodosis de plástico no compostable a avanzar en la reducción de su consumo, sustituyéndolos preferentemente por alternativas reutilizables o por otros materiales. El reglamento europeo convierte ahora esa dirección en un calendario común y obligatorio. Además, los Estados deberán concretar su régimen de sanciones antes del 12 de febrero de 2027 y la Comisión publicará directrices para aclarar los formatos y las excepciones del anexo V.

El sobre de kétchup, por tanto, no desaparece hoy. Tiene fecha de salida de las mesas, el 1 de enero de 2030, y conservará un lugar en los pedidos para llevar y a domicilio. Lo que comienza ahora es una cuenta atrás para encontrar sustitutos que reduzcan residuos sin retroceder en higiene, seguridad alimentaria, trazabilidad ni comodidad. La hostelería dispone de tiempo, pero no de una excusa para esperar hasta el último día.

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Carmelo Peralta
Carmelo Peraltahttps://www.dcct.es
Carmelo es cofundador de ¿Dónde Comemos? Cartagena y responsable del seguimiento de nuevas aperturas de locales en Cartagena y su comarca. Está especializado en información local y actualidad sobre la actividad comercial y hostelera del territorio.
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