La lluvia de cera y devoción ilumina Cartagena en un Viernes de Dolores marcado por la entrega california

La procesión del Cristo de la Misericordia mantiene su solemnidad pese a la retirada del trono en pleno recorrido

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Al caer la noche, cuando Cartagena comienza a respirar ese aire denso de emoción que solo la Semana Santa sabe traer, la ciudad volvió a rendirse a uno de sus rituales más íntimos y recientes. La procesión del Santísimo Cristo de la Misericordia y María Santísima del Rosario, la más joven de la Cofradía California, avanzó por el centro histórico con la solemnidad de quien ya se sabe parte imprescindible del Viernes de Dolores.

El desfile, que cierra la primera jornada pasional en honor a la Patrona, fue ganando cuerpo entre hachotes encendidos y cartelas que dibujaban un juego de luces temblorosas sobre las fachadas. La cera, derramándose lentamente, marcaba el ritmo de un cortejo que encontró en la sobriedad y la elegancia su mejor carta de presentación.

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No todo transcurrió sin contratiempos. El trono del Cristo tuvo que retirarse a la altura de la calle del Parque debido a problemas técnicos, una decisión que, tomada con rapidez, evitó cualquier riesgo personal o material. Lejos de empañar la noche, el incidente dejó paso a una respuesta ejemplar de los californios, que supieron recomponer el pulso de la procesión y mantener intacta la esencia del desfile.

Porque si algo define a esta procesión es su carácter propio. Todas las imágenes, obra del escultor murciano José Hernández Navarro, aportan una unidad estética que se refuerza con el hecho de que cada uno de los pasos sea portado a hombros, en un esfuerzo colectivo que se convierte en símbolo de fe compartida.

El momento más esperado llegó, como cada año, al paso por la basílica de la Basílica de la Virgen de la Caridad, donde el cortejo rindió homenaje a la Patrona de Cartagena. Allí, entre el silencio contenido y la emoción palpable, la procesión encontró su razón de ser, fundiendo tradición y devoción en una escena que, aun siendo reciente en el calendario california, ya se vive como imprescindible.

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Así, entre la luz de la cera y el peso de los hombros, Cartagena cerró su Viernes de Dolores con una procesión que, pese a su juventud, camina con paso firme hacia la historia.

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Aida Belmonte
Aida Belmonte dirige ¿Dónde Comemos? Cartagena, donde lidera el enfoque informativo del medio y la cobertura de actualidad local, cultural y social en Cartagena y su comarca.
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