Tres meses con las puertas cerradas han servido para poner a punto uno de esos lugares de Cartagena en los que basta caminar unos metros para recorrer miles de años de historia. El Museo Arqueológico Municipal ‘Enrique Escudero de Castro’ ha reabierto este miércoles después de someterse a diferentes trabajos de mantenimiento, acondicionamiento y mejora que han transformado tanto el interior del edificio como sus espacios exteriores.
El concejal de Cultura, Ignacio Jáudenes, ha visitado las instalaciones coincidiendo con una reapertura que llega acompañada de cambios en el recorrido, nuevas piezas, una iluminación renovada y una reorganización pensada para que el visitante pueda comprender mejor lo que tiene delante y, sobre todo, la historia que cuenta.
Porque pocas ciudades pueden explicar su pasado comenzando en los primeros hallazgos de Cueva Victoria, atravesando la Prehistoria y la Edad de los Metales, pasando después por íberos, cartagineses y romanos y continuando por la Cartagena medieval hasta alcanzar los siglos XVI, XVII, XVIII, XIX y XX.
Ese inmenso viaje en el tiempo comienza ahora prácticamente desde la puerta.
La zona de recepción y conserjería ha sido renovada, se ha mejorado la iluminación, revisado las vitrinas y pintado buena parte de la planta baja. También se ha habilitado un espacio más adecuado para atender a personas con movilidad reducida y se han colocado piezas en la entrada para que el relato arqueológico empiece desde los primeros pasos del visitante.
El objetivo, según Jáudenes, era conseguir que el museo resultara «más ordenado, más intuitivo y más fácil de seguir». Para ello se han reorganizado espacios, cambiado de ubicación algunas piezas, incorporado nuevos fondos y renovado la cartelería.
La intervención ha permitido además sacar de un segundo plano objetos que ya pertenecían a la colección pero que podían pasar inadvertidos ante los ojos del visitante.
Entre las piezas que adquieren protagonismo se encuentra el pedestal ecuestre dedicado a Caio Laetilio, una de las incorporaciones recientes de mayor interés, junto a la clava de Hércules recuperada en la calle del Alto, que posiblemente perteneció al peristilo de una gran domus situada en el sector oriental de la antigua ciudad.
También presenta novedades el anforario, reorganizado para explicar mejor algo que hizo de Cartagena una de las grandes ciudades portuarias del Mediterráneo desde la Antigüedad: el comercio.
Las ánforas permiten seguir las rutas marítimas, conocer qué productos llegaban y salían del puerto y observar cómo evolucionaron aquellas redes comerciales desde el siglo II antes de Cristo hasta la destrucción de Carthago Spartaria en el año 625.
La colección epigráfica estrena igualmente iluminación y el nuevo discurso establece conexiones con otros grandes espacios arqueológicos de Cartagena, entre ellos el Museo del Teatro Romano, el Museo del Foro Romano Molinete y el Anfiteatro, componiendo poco a poco ese enorme puzle que permanece bajo las calles de la ciudad actual.
También ha cambiado el exterior.
El jardín ha renovado su vegetación y se han acondicionado los espacios que rodean al edificio. Basas y fustes de columnas procedentes de construcciones públicas y privadas de la antigua Carthago Nova han sido redistribuidos junto a la entrada, mientras que la explanada exterior ha sido preparada para continuar acogiendo actividades culturales, educativas y grupos escolares.
«Este jardín forma parte de la vida del museo. Aquí recibimos a escolares, hacemos actividades y distintos actos a lo largo del año», ha explicado el concejal.
La reapertura llega además acompañada de ‘La Plastihistoria del Traje’, una exposición temporal que propone recorrer la evolución de la moda y la indumentaria a través de la historia.
Cartagena ha incorporado a la muestra elementos propios para darle un carácter local, desde referencias al mundo romano hasta vestimentas de la Cartagena modernista y trajes tradicionales. Para conseguirlo han colaborado la Federación de Tropas y Legiones de Carthagineses y Romanos, el Vestidor Modernista, modernistas no asociados y el Grupo Folclórico ‘Ciudad de Cartagena’ de La Palma, que han cedido prendas y objetos.
Pero quizá la pieza más extraordinaria del Museo Arqueológico no pueda guardarse dentro de ninguna vitrina.
Está bajo sus propios pies.
Cuando el museo abrió en su actual emplazamiento en 1982, lo hizo alrededor de la necrópolis tardorromana de San Antón, integrando el yacimiento arqueológico dentro del propio edificio. Una decisión que convirtió a Cartagena en pionera en una forma de entender el patrimonio que décadas después se extendería por otros puntos de la ciudad.
Jáudenes ha recordado precisamente que este museo puede considerarse el germen de lo que años más tarde terminaría convirtiéndose en Cartagena, Puerto de Culturas.
Y quizás esa sea la mejor manera de entender su importancia.
El Museo Arqueológico no es solamente un edificio lleno de objetos antiguos. Es uno de los lugares donde Cartagena comenzó a comprender que buena parte de su futuro podía construirse precisamente recuperando su pasado.
Ahora vuelve a abrir sus puertas. Y lo hace intentando que esos miles de años de historia sean un poco más fáciles de descubrir, comprender y disfrutar.

