La Torre del Negro, también conocida como Torre de Arráez, vuelve a mostrar el aspecto que tuvo durante siglos. La histórica construcción situada en la diputación cartagenera de El Algar, junto a la autopista AP-7, ha recuperado su característico color blanco después de finalizar una primera fase de conservación y consolidación destinada a frenar su deterioro y recuperar algunos de sus elementos originales.
La intervención ha contado con una subvención de 68.757,14 euros de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia (CARM) y ha permitido actuar sobre buena parte de la envolvente del edificio. Los trabajos han incluido el tratamiento de grietas y pérdidas existentes en los muros, la recuperación del revestimiento de las fachadas, mejoras básicas de accesibilidad y la reconstrucción de diferentes elementos arquitectónicos.
Uno de los cambios más visibles es precisamente el exterior de la torre. Las fachadas han recibido un revoco liso de cal de color blanco, devolviendo al monumento una imagen muy diferente a la que había presentado durante las últimas décadas y mucho más cercana a la que tuvo originalmente.
El blanco no era una cuestión únicamente estética. La torre debía resultar fácilmente reconocible en el paisaje por pastores, agricultores y habitantes de las zonas rurales, pero también formaba parte de un sistema defensivo levantado para hacer frente a una amenaza que durante siglos condicionó la vida en todo el entorno del Campo de Cartagena: las incursiones de los piratas berberiscos.
La Torre del Negro fue construida en 1585 y se integraba en la red de torres de vigilancia y defensa levantadas entre los siglos XVI y XVII. Su cometido estaba directamente relacionado con las torres situadas en la costa. Cuando desde ellas se detectaba la presencia de embarcaciones enemigas, las señales de alarma se transmitían hacia el interior para advertir a la población.
Aquellas construcciones permitían ganar un tiempo fundamental ante una posible incursión. Además de transmitir las alertas, algunas servían como lugar de refugio y protección para la población rural, especialmente vulnerable ante ataques que podían producirse con rapidez desde el litoral.
La rehabilitación ha ido más allá de devolver el color blanco a sus muros. También se ha reconstruido el forjado tradicional de madera, se han recuperado las almenas y se ha actuado sobre la cubierta transitable, además de consolidar diferentes zonas afectadas por el paso del tiempo.
El proyecto ha sido dirigido por el arquitecto formado en la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), Francisco Joaquín Jiménez González, junto al profesor Pedro Enrique Collado, arquitecto técnico de la obra.
Antes de comenzar la intervención, el Grupo de Investigación Thermal Analysis and Geomatics (TAG) de la UPCT llevó a cabo un completo trabajo para conocer con precisión el monumento y determinar su estado real de conservación.
El estudio incluyó un análisis histórico-cultural y constructivo de la torre, así como un levantamiento gráfico de alta precisión mediante fotogrametría digital y escáner láser. Estas técnicas permitieron obtener modelos digitales en tres dimensiones y documentar detalladamente la geometría y las características de la construcción antes de intervenir sobre ella.
Los trabajos realizados constituyen únicamente una primera fase. La intención es que esta actuación permita sentar las bases para acometer en el futuro una restauración integral y avanzar en la puesta en valor de una construcción que durante más de cuatro siglos ha permanecido como testigo de una época en la que las torres constituían una pieza esencial para proteger a quienes vivían y trabajaban en el territorio.
Más de 440 años después de su construcción, la Torre del Negro vuelve así a destacar sobre el paisaje de El Algar con sus muros blancos, recuperando parte de la imagen con la que fue concebida en 1585 y dando un primer paso para garantizar la conservación de uno de los elementos históricos del patrimonio defensivo del Campo de Cartagena.














