Los escenarios se apagaron el pasado 25 de julio. Se recogieron los cables, desaparecieron poco a poco las estructuras de los conciertos y Cartagena recuperó ese ritmo de verano que cada año queda alterado, para bien, durante unas semanas por La Mar de Músicas. Pero sería un error pensar que el festival terminó aquella noche. La música se marchó, sí. El arte, en cambio, decidió quedarse.
La 31ª edición de La Mar de Músicas continúa presente en la ciudad a través de La Mar de Arte, una de esas partes del festival que a veces queda escondida detrás de los grandes conciertos, pero que permite prolongar su espíritu durante agosto y septiembre. Tres exposiciones permanecen abiertas al público hasta finales de septiembre y mantienen vivo el viaje cultural que este año ha llevado a Cartagena hasta Ecuador.
Porque La Mar nunca ha sido solamente música. Desde hace años es también una excusa magnífica para mirar hacia otros lugares del mundo y descubrir que, en realidad, muchas veces esos lugares están bastante más cerca de nosotros de lo que pensamos.
Así ocurre con ‘Los de aquí’, instalada en el Palacio Consistorial hasta el 27 de septiembre. El propio título ya contiene buena parte de la exposición. ¿Quiénes son los de aquí? ¿Los que nacieron aquí? ¿Los que llegaron hace veinte años? ¿Los que trabajan, forman una familia, llevan a sus hijos al colegio, compran el pan cada mañana y han convertido Cartagena en su casa?
La exposición, comisariada por María Garberí y Pepo Devesa, pone precisamente la mirada sobre la comunidad ecuatoriana de Cartagena y de la Región de Murcia. Una comunidad que hace mucho tiempo dejó de ser algo ajeno al paisaje cotidiano de nuestras calles para convertirse en parte de la propia ciudad.
Pintura, fotografía, escultura, instalaciones y videoarte sirven para hablar de identidad, memoria, raíces y pertenencia. Participan Roberto Rivadeneira, Dia Muñoz, Nebraska Flores, el colectivo Zooa, CMAL, Azul Macas, Pamela Suasti y Alexandra Cuesta, junto al cartagenero Adrián Madrid. Distintas miradas para explicar algo aparentemente sencillo y, al mismo tiempo, enormemente complejo: uno puede pertenecer a varios lugares a la vez.
Quizá ahí se encuentre uno de los mayores aciertos de ‘Los de aquí’. No habla únicamente de emigrar. Habla de quedarse. De construir una vida. De conservar recuerdos de miles de kilómetros de distancia mientras aparecen otros nuevos en las calles que ahora forman parte de tu día a día. Habla, en definitiva, de ese momento en el que un lugar deja de ser simplemente el sitio al que llegaste y comienza a convertirse en casa.
“La Mar de Músicas no termina cuando se apagan los escenarios. Estas exposiciones nos permiten mantener vivo durante todo el verano el diálogo cultural que propone el festival”, explica su director, Eugenio González, quien destaca las tres perspectivas diferentes desde las que se ha construido La Mar de Arte este año.
Otra de ellas conduce hasta ‘Distrito’, del artista Salvi Vivancos, bajo el comisariado de Enric Mira. Aquí el viaje no necesita cruzar océanos. Basta con salir a la calle y mirar.
Vivancos se detiene en aquello ante lo que pasamos cada día sin prestarle demasiada atención: edificios, señales, límites, espacios urbanos, rincones aparentemente insignificantes y lugares que forman parte de nuestro paisaje habitual. Elementos cotidianos que, vistos desde otra perspectiva, cuentan también quiénes somos.
Es curioso cómo sucede. Creemos que habitamos las ciudades, pero las ciudades terminan habitándonos a nosotros. Una esquina, una fachada, una calle por la que hemos pasado cientos de veces o un edificio que forma parte de nuestros recuerdos pueden tener mucho más que contar de nuestra propia vida de lo que imaginamos. ‘Distrito’ juega precisamente con esa relación entre territorio, memoria e identidad y mantiene, además, la apuesta de La Mar de Arte por ofrecer espacio a creadores vinculados a Cartagena.
Y después está Oswaldo Guayasamín.
Hablar de Ecuador y de arte contemporáneo latinoamericano sin detenerse en Guayasamín sería dejar incompleto el viaje. La tercera de las exposiciones reúne una selección de obra gráfica del artista ecuatoriano, una de las figuras fundamentales del arte latinoamericano del siglo XX.
Sus rostros y, especialmente, sus manos son difíciles de olvidar. Guayasamín pintó el dolor, la pobreza, la injusticia y la desigualdad, pero también la dignidad, la ternura y esa extraordinaria capacidad del ser humano para resistir cuando parece que todo está perdido. Su obra nació en otro tiempo, aunque muchas de las preguntas que planteaba continúan resultando incómodamente actuales.
Su presencia en Cartagena adquiere todavía mayor sentido en una edición de La Mar de Músicas dedicada a Ecuador. Un país que durante estas semanas no solamente ha sonado en los escenarios de la ciudad. También ha llegado a través del cine, la literatura, la gastronomía y ahora continúa haciéndolo mediante sus artistas.
Los conciertos terminaron el 25 de julio, pero quedan todavía agosto y septiembre para acercarse a estas tres exposiciones.
Quizá sea una forma diferente de disfrutar de La Mar. Sin prisas, sin escenarios y sin mirar el reloj esperando que empiece el siguiente concierto. Basta con entrar, caminar despacio y detenerse delante de una obra.
Porque algunas veces, cuando termina la música, merece la pena quedarse un poco más.
Todavía quedan cosas por escuchar, aunque ya no suene ninguna canción.














