Hay artistas que, incluso después de marcharse, siguen teniendo cosas que contar. Artistas cuya obra no termina con su última pincelada, porque quedan dibujos escondidos, bocetos olvidados y pensamientos convertidos en trazos que esperan pacientemente a que alguien vuelva a mirarlos. Paco Conesa es uno de ellos. Diez años después de su fallecimiento, el creador nacido en La Unión en 1944 regresa a la actualidad cultural de Cartagena con una exposición que no pretende limitarse a recordar lo que hizo, sino descubrir todo aquello que todavía permanecía oculto.
El Palacio Consistorial de Cartagena acoge desde el pasado jueves 29 de octubre la exposición Lo que queda del día, una propuesta que permite adentrarse en el universo creativo de un artista difícil de encasillar, capaz de transitar con naturalidad entre la pintura, la escultura, el teatro y la imaginería religiosa. Un hombre que hizo del arte su manera de entender el mundo y que dejó tras de sí un legado mucho más amplio de lo que muchos imaginaban.
La historia de esta exposición comienza, curiosamente, cuando termina la vida de su protagonista. Tras su fallecimiento en 2016, los herederos de Conesa decidieron abrir las puertas de su estudio y permitir que salieran a la luz los materiales que había acumulado durante décadas. Allí permanecían dibujos, pinturas, bocetos, documentos y proyectos que nunca habían llegado a mostrarse públicamente. Miles de piezas que conservaban intacta la memoria de una vida dedicada a crear.
Fue entonces cuando Julia Bermúdez, discípula y persona muy cercana al artista durante sus últimos años, emprendió una tarea tan laboriosa como necesaria: ordenar, estudiar y catalogar aquel extraordinario patrimonio. El resultado habla por sí solo. Más de 3.000 obras catalogadas, entre dibujos, pinturas y proyectos relacionados con la escultura, la escenografía y el vestuario.
Pero detrás de esa cifra hay algo más importante que los números. Hay una trayectoria artística que ahora puede contemplarse desde una perspectiva diferente, descubriendo relaciones entre trabajos realizados en épocas distintas y comprendiendo mejor las inquietudes de un creador que nunca dejó de experimentar.
La exposición ha sido concebida por tres personas con miradas diferentes, pero unidas por su admiración hacia Conesa. Julia Bermúdez, el arquitecto y creador Martín Lejarraga y el pintor Ángel Mateo Charris han construido un recorrido que huye deliberadamente de la retrospectiva tradicional. No se trata de colocar obras en orden cronológico y explicar una biografía, sino de establecer un diálogo entre el artista, su legado y quienes hoy se acercan a él.
Y en ese diálogo aparece una de las dimensiones más personales de Paco Conesa: su fascinación por el cuerpo humano. Especialmente por la figura masculina, presente de manera constante en dibujos y pinturas donde la anatomía, el movimiento, la belleza, la intimidad y el deseo adquieren un protagonismo que permite descubrir una faceta menos conocida de su producción.
No es una cuestión menor. En una sociedad que durante buena parte de la vida del artista mantuvo numerosos prejuicios sobre la representación del cuerpo y la expresión de la intimidad, Conesa desarrolló un lenguaje propio, libre y profundamente personal. Sus figuras no son únicamente ejercicios anatómicos. Son también una forma de explorar la condición humana, sus emociones y sus contradicciones.
El dibujo aparece como el gran hilo conductor de toda su trayectoria. Desde los primeros estudios anatómicos hasta las investigaciones sobre el color y la composición, el papel fue para Conesa mucho más que un soporte. Fue un espacio de libertad donde ensayar ideas, explorar posibilidades y dar forma a aquello que después podía convertirse en pintura, escultura o escenografía.
Porque hablar de Paco Conesa es hablar también de un artista que nunca aceptó quedarse encerrado en una sola disciplina. Comenzó su formación junto a Asensio Sáez, otro nombre imprescindible para comprender la historia artística de La Unión, y posteriormente amplió sus conocimientos en Madrid, Italia y Brasil.
Precisamente en Brasil protagonizó uno de los episodios destacados de sus primeros años de actividad. En 1977 presentó la exposición Dinámica del cuerpo humano en el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de São Paulo, una muestra que ya evidenciaba el interés que la figura humana despertaba en su universo creativo.
Su relación con el teatro fue igualmente intensa. Participó en la fundación del grupo gallego Teatro da Mari-Gaila y se convirtió en el primer diseñador de escenografía y vestuario del Centro Dramático Galego. Una faceta en la que pudo combinar su capacidad plástica con la creación de espacios y personajes, llevando su imaginación mucho más allá del lienzo.
Su trabajo escénico obtuvo diferentes reconocimientos, entre ellos una candidatura a los Premios Max de 2013 por sus diseños para el espectáculo Piratas.
Sin embargo, pese a esa trayectoria que lo llevó a trabajar en distintos lugares, Paco Conesa nunca perdió su vinculación con La Unión. Su localidad natal conserva una parte importante de su legado, tanto por sus colaboraciones con el Festival Internacional del Cante de las Minas como por las esculturas religiosas que forman parte de su Semana Santa.
Esa capacidad para desenvolverse entre lenguajes aparentemente tan distintos constituye una de las grandes singularidades de su carrera. El mismo artista que investigaba con libertad la anatomía humana podía diseñar una escenografía teatral o dar forma a una imagen religiosa destinada a despertar la devoción popular.
A lo largo de su vida participó en 35 exposiciones individuales y 20 colectivas, y su obra despertó el interés de críticos e intelectuales de la talla de Francisco Calvo Serraller, José Hierro, Santiago Amón y Santos Amestoy.
Ahora, diez años después de su muerte, Cartagena tiene la oportunidad de reencontrarse con él desde una perspectiva diferente. No únicamente con el artista reconocido, sino también con el hombre que trabajaba en la intimidad de su estudio, que dibujaba, corregía, experimentaba y acumulaba ideas sin saber necesariamente cuáles terminarían viendo la luz.
Quizá ahí resida el verdadero valor de Lo que queda del día. En recordarnos que la obra de un artista no se limita a aquello que decide mostrar públicamente. También está formada por sus dudas, sus búsquedas, sus proyectos inacabados y esas pequeñas creaciones que permanecen durante años guardadas en una carpeta.
La exposición podrá visitarse gratuitamente hasta el 14 de febrero de 2027 en el Palacio Consistorial de Cartagena. El horario será de martes a viernes, de 10:00 a 13:30 y de 17:00 a 19:00 horas; los sábados, de 10:00 a 13:30 y de 17:00 a 20:00 horas; los domingos, de 10:00 a 13:30 horas; y los festivos, de 10:00 a 13:30 horas.
Toda la información sobre esta muestra y el resto de actividades culturales de la ciudad puede consultarse en la Agenda Ciudad del Ayuntamiento de Cartagena.
Paco Conesa falleció hace diez años, pero su obra demuestra que la creación artística tiene una peculiar manera de vencer al tiempo. Porque mientras alguien siga contemplando sus dibujos, descubriendo sus pinturas o emocionándose ante sus esculturas, una parte de él continuará presente.
Y quizá eso sea, precisamente, lo que queda del día cuando el artista ya no está: su capacidad para seguir hablando a quienes vienen después.

