Hay historias que Cartagena nunca se cansa de revivir. La de Aníbal e Himilce es una de ellas. El Puerto volvió a convertirse en escenario de sus bodas, una de las representaciones más emblemáticas de las Fiestas de Carthagineses y Romanos, que reunió a numerosos festeros y visitantes para compartir un relato en el que se entrelazan el amor, el poder y la alianza entre dos pueblos.
Con el Mediterráneo como testigo, la puesta en escena recreó el enlace entre el general cartaginés Aníbal Barca, hijo de Amílcar Barca, conocido como «El Rayo», y la princesa íbera Himilce, hija del rey Mucro de Cástulo. Una unión que, dentro del relato festero, trasciende lo personal y simboliza el acercamiento entre carthagineses e íberos.
La representación contó con la participación de todas las tropas carthaginesas y acompañó al público por un momento decisivo en la trayectoria de Aníbal: su proclamación como jefe supremo en Iberia tras la muerte de Asdrúbal «El Hermoso». Entre las responsabilidades del mando y los intereses de ambos pueblos, el matrimonio aparece inicialmente como una decisión impuesta que ninguno de los protagonistas desea aceptar.
Es precisamente en ese rechazo donde comienza a tomar forma la parte más emotiva de la representación. La trama muestra cómo la resistencia inicial deja paso al acercamiento y cómo, poco a poco, nace el amor entre ambos. El desenlace llega con una boda consentida por los dos jóvenes y celebrada entre las aclamaciones del ejército cartaginés.
Ángel y Jeni volvieron a dar vida a Aníbal e Himilce, poniendo rostro y emoción a una pareja que ocupa un lugar especial en el imaginario de las fiestas. Su interpretación condujo al público por esa transformación de los personajes, desde la oposición al enlace hasta la decisión de compartir su destino.
La participación de las tropas y la presencia de festeros y visitantes arroparon una ceremonia que conserva su capacidad de emocionar año tras año. Las bodas son uno de esos actos en los que la celebración colectiva se encuentra con una historia cercana: la de dos personas que, en medio de las decisiones de reyes y ejércitos, terminan eligiéndose.
Así, junto al mar, Cartagena volvió a reconocerse en una de las escenas más queridas de sus fiestas, declaradas de Interés Turístico Internacional. Por un momento, las batallas cedieron el protagonismo a una unión que sigue reuniendo a la ciudad alrededor de su pasado.


