Cartagena ha llevado este año hasta la Feria de Málaga algo más que su historia, su patrimonio y su oferta turística. Lo ha hecho también a través de dos sabores que hablan de la ciudad casi tanto como sus monumentos: la marinera y el caldero. La ciudad portuaria ha sido la gran invitada de la Fiesta del Turismo, convirtiéndose en protagonista de la recepción organizada por el Ayuntamiento de Málaga en la Caseta Municipal-San Miguel.
Más de 300 personas, entre representantes institucionales y profesionales vinculados al sector turístico, participaron en un encuentro que sirvió para estrechar lazos entre dos ciudades mediterráneas que comparten mucho más de lo que puede parecer a primera vista. Y Cartagena aprovechó la ocasión para mostrar uno de sus grandes argumentos para atraer visitantes: su gastronomía.
Los asistentes pudieron conocer y degustar la marinera y el caldero, dos auténticos emblemas de la cocina cartagenera que ejercieron como improvisados embajadores de una tierra que en los últimos años ha reforzado considerablemente la gastronomía dentro de su promoción turística.
La concejal delegada de Turismo, Beatriz Sánchez, agradeció al Ayuntamiento malagueño la elección de Cartagena como ciudad protagonista de esta edición y destacó la importancia que supone poder presentar directamente sus atractivos ante el mercado andaluz.
Sánchez puso especialmente el acento en el peso que tiene actualmente la cocina a la hora de elegir un lugar de vacaciones. «La gastronomía es uno de los puntos fundamentales por el que el turista nos visita. En los últimos años, las encuestas nos dicen que el 60% del turista elige su destino en relación a la gastronomía que va a encontrar, además de otros encantos, y por eso creemos que la gastronomía es tan importante darla a conocer», señaló.
Pero Cartagena no viajó a Málaga únicamente con la marinera bajo el brazo. Durante el encuentro también estuvieron muy presentes la historia, el patrimonio y el carácter mediterráneo de una ciudad que cuenta con uno de los conjuntos arqueológicos más importantes del sureste español.
La edil recordó precisamente las similitudes existentes entre ambas ciudades. «Somos ciudades de Mediterráneo, ciudades de luz, con mar, festivales, historia y patrimonio, lo que nos hace ser muy parecidas. Tenemos que invitar a los cartageneros a que vengan a Málaga y a los malagueños a que vengan a conocer Cartagena, que es de verdad preciosa», afirmó.
Unas similitudes que también quiso destacar el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, quien recordó los numerosos capítulos históricos que conectan a ambos territorios. Desde sus raíces fenicias y púnicas hasta las etapas bizantina, andalusí y castellana, pasando por el extraordinario legado romano que conserva la antigua Carthago Nova.
De la Torre defendió la importancia de «conocer las cualidades de Cartagena» y valoró este intercambio cultural y turístico dentro de una de las celebraciones más importantes del calendario malagueño.
La presencia cartagenera en la Feria tampoco es un hecho aislado. Ambos ayuntamientos han comenzado a estrechar su colaboración a través de un Protocolo General de Actuación Conjunta en materia turística, pensado para intercambiar experiencias, desarrollar campañas promocionales conjuntas y favorecer la promoción cruzada de acontecimientos culturales y de ocio.
Cartagena busca de esta manera abrirse camino en un mercado andaluz cercano y estratégico, aprovechando además las buenas comunicaciones y las similitudes entre dos destinos donde el Mediterráneo, la historia, la cultura y la gastronomía forman buena parte de su identidad.
Al encuentro asistieron también el consejero de Turismo de la Junta de Andalucía, Manuel Gavira; la consejera de Economía y Hacienda, Carolina España, y el presidente de la Diputación de Málaga, Francisco Salado.
Cartagena regresa así de la Feria de Málaga reforzando una alianza turística que pretende continuar creciendo. Y lo ha hecho recurriendo a una de sus mejores tarjetas de presentación: una marinera para abrir boca, un caldero para descubrir el sabor del Mediterráneo y más de dos mil años de historia para convencer al visitante de que merece la pena conocer la ciudad.
















