Cartagena lleva décadas demostrando que su historia siempre guarda una sorpresa más bajo tierra. Cuando parece que el pasado ya ha contado todo lo que tenía que contar, la arqueología vuelve a recordar que esta ciudad aún conserva páginas enteras sin leer. Los últimos trabajos realizados en el Anfiteatro Romano no solo aportan nuevos datos; abren la puerta a reescribir lo que creíamos saber sobre uno de los monumentos más importantes de la antigua Carthagonova.
Las últimas campañas de georradar realizadas en el entorno del anfiteatro apuntan a que el edificio pudo ser considerablemente mayor de lo estimado hasta ahora. Los primeros resultados sugieren que su perímetro exterior se extendía más de lo previsto y que su compleja organización interna todavía esconde estructuras bajo el subsuelo. Si estas hipótesis se confirman durante las próximas excavaciones, Cartagena estaría ante un monumento de una dimensión todavía más extraordinaria.
La investigación, impulsada por el Ayuntamiento de Cartagena junto a la Universidad de Murcia y el Instituto de Arqueología de Mérida (CSIC), ha empleado tecnología de georradar para obtener una auténtica radiografía del terreno sin necesidad de realizar excavaciones invasivas. Gracias a este sistema se han detectado posibles galerías de circulación, accesos y elementos relacionados con la evacuación del público que permanecían ocultos desde hace casi dos mil años.
El concejal de Patrimonio, Rafael Braquehais, considera que estas prospecciones representan un paso decisivo para conocer la verdadera magnitud del anfiteatro y planificar con el máximo rigor científico las siguientes fases de excavación y musealización. Cada nueva campaña, asegura, confirma que Cartagena posee un monumento excepcional, llamado a convertirse en uno de los grandes referentes arqueológicos del Mediterráneo.
No resulta difícil imaginar la importancia que tuvo este edificio en el siglo I después de Cristo. Con una capacidad estimada entre 10.000 y 11.000 espectadores, el anfiteatro ya figuraba entre los grandes espacios de espectáculos de Hispania. Si finalmente se demuestra que sus dimensiones fueron superiores, también crecerá el peso histórico de la antigua Carthagonova dentro del Imperio romano.
Este nuevo avance llega además en un momento especialmente importante para el proyecto. La Junta de Gobierno aprobó recientemente una inversión de dos millones de euros destinada a continuar la excavación de la arena, consolidar el sector noreste del doble anillo de la antigua Plaza de Toros y ampliar el recorrido musealizable del conjunto arqueológico.
La intención del Ayuntamiento es que el anfiteatro pueda abrirse al público de manera permanente incluso mientras continúan los trabajos arqueológicos, una vez se construya el futuro pabellón de visitantes y se completen los itinerarios previstos. La idea no es únicamente conservar el monumento, sino convertirlo en un espacio vivo donde investigación, divulgación y turismo cultural convivan de forma natural.
Los descubrimientos de los últimos años ya habían elevado considerablemente el interés científico del yacimiento. La aparición de la fossa bestiaria, los vomitorios utilizados por el público y los gladiadores, dependencias de servicio excepcionalmente conservadas y otras estructuras han permitido reconstruir con una precisión inédita el funcionamiento interno del edificio.
Cartagena vuelve así a demostrar que su mayor riqueza no siempre está a la vista. Bajo sus calles continúa latiendo una ciudad romana que aún conserva secretos capaces de cambiar la historia. Y quizá el más grande de todos sea comprobar que el anfiteatro que durante siglos permaneció oculto bajo la Plaza de Toros nunca dejó de ser tan monumental como la propia ciudad que lo levantó.














