Hay países que se descubren mejor a través de sus películas que de sus mapas. Ecuador será este verano uno de esos destinos emocionales en Cartagena gracias a La Mar de Cine, la sección cinematográfica de La Mar de Músicas que, del 8 al 15 de julio, convertirá el patio del Antiguo CIM en una gran sala de proyección al aire libre donde el público podrá viajar por la memoria, los paisajes, los conflictos y los sueños de una de las cinematografías más interesantes de Latinoamérica.
La propuesta, organizada por el Ayuntamiento de Cartagena junto al Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICC), ofrece ocho películas que permiten recorrer más de dos décadas de evolución del cine ecuatoriano. Desde los títulos que marcaron el nacimiento de una nueva forma de contar historias hasta las producciones más recientes, la selección muestra una industria que ha encontrado una voz propia y que hoy es capaz de combinar realismo social, cine fantástico, humor negro, drama familiar y relatos profundamente humanos.
La programación arrancará el 8 de julio con Ratas, ratones, rateros, la obra de Sebastián Cordero considerada por muchos como el punto de partida del cine ecuatoriano contemporáneo. Su retrato crudo de la marginalidad y la supervivencia continúa siendo una referencia imprescindible para comprender la transformación posterior de la cinematografía del país.
Un día después llegará Feriado, de Diego Araujo, una historia ambientada en los días previos a la crisis financiera ecuatoriana de 1999. La película mezcla el despertar personal de un adolescente con uno de los momentos más convulsos de la historia reciente del país, construyendo un relato donde la memoria colectiva y la búsqueda de identidad avanzan de la mano.
La mirada cambiará radicalmente el 10 de julio con Chuzalongo, una propuesta de terror y fantasía inspirada en leyendas populares ecuatorianas. La cinta recupera mitos ancestrales para crear una historia inquietante que conecta tradición y modernidad, demostrando la capacidad del cine ecuatoriano para explorar géneros poco habituales sin perder sus raíces culturales.
El humor será protagonista el 11 de julio con Los wánabis, una comedia negra basada en una estafa real ocurrida durante la crisis económica de comienzos de siglo. La película utiliza la ironía para retratar las aspiraciones de una generación marcada por la incertidumbre y la búsqueda de oportunidades.
Las emociones más íntimas llegarán el 12 de julio con Hiedra, de Ana Cristina Barragán, una directora reconocida por su sensibilidad a la hora de explorar las relaciones humanas. Su nueva obra se adentra en territorios emocionales complejos, donde el silencio y la fragilidad tienen tanto peso como las palabras.
La programación continuará el 13 de julio con Los ahogados, un drama que parte de la muerte de una empleada doméstica para explorar las tensiones sociales y los secretos que pueden esconderse tras una apariencia de normalidad. Una historia que invita a reflexionar sobre las diferencias de clase y las decisiones morales.
El 14 de julio será el turno de Viejos malditos, de Xavier Chávez, una película que combina humor negro y ternura para hablar de la vejez, la soledad y la necesidad de encontrar motivos para seguir adelante. Una propuesta que demuestra que las historias más cotidianas pueden contener una enorme carga emocional.
El ciclo concluirá el 15 de julio con Nosotros, mi papá y el perro, una mirada cálida y cercana a las relaciones familiares, los conflictos generacionales y los cambios que llegan cuando la vida obliga a replantearlo todo. Una historia sencilla en apariencia, pero cargada de humanidad.
Todas las proyecciones comenzarán a las 22:00 horas y tendrán entrada libre hasta completar aforo. Más allá de una muestra cinematográfica, La Mar de Cine se presenta este año como una invitación a conocer Ecuador desde dentro, a través de las voces de sus cineastas y de unas historias que, aunque nacen al otro lado del océano, hablan de emociones universales capaces de conectar con cualquier espectador.














