Agosto se despide. Y lo hace como suele hacerlo: dejando esa extraña sensación de que el verano ha pasado demasiado deprisa. Parece que fue ayer cuando comenzaban las vacaciones, cuando los días se hacían eternos, las playas se llenaban de sombrillas y las noches invitaban a olvidarse del reloj. Pero el calendario no entiende de nostalgia y este 31 de agosto vuelve a marcar una frontera invisible entre el verano y la rutina.
Para muchos, septiembre significa regresar al trabajo, recuperar horarios, volver a poner el despertador y asumir que aquello de preguntarse qué día de la semana es vuelve a tener importancia. Las terrazas seguirán llenas, el calor todavía tardará en marcharse y el Mediterráneo continuará tentando con algún que otro baño, pero mentalmente algo cambia cuando agosto desaparece del calendario.
Y en las casas con niños, septiembre tiene todavía más significado. La vuelta al cole está a la vuelta de la esquina y con ella comienza una pequeña operación logística familiar: preparar mochilas, revisar uniformes y ropa, comprobar qué sirve del curso pasado y descubrir, casi siempre con cierta sorpresa, todo lo que hay que comprar de nuevo.
Porque hablamos mucho de la famosa cuesta de enero, pero para muchas familias la verdadera cuesta llega en septiembre.
Libros, cuadernos, mochilas, estuches, lápices, material escolar, ropa, calzado, actividades extraescolares y un largo etcétera convierten el inicio del curso en uno de los momentos de mayor desembolso del año. Después de los gastos propios de las vacaciones, septiembre aparece con una lista de compras que parece crecer cada vez que se marca algo como completado.
Los pequeños volverán a las aulas mientras los mayores recuperan definitivamente la rutina. Regresarán los atascos a determinadas horas, las prisas por las mañanas, los desayunos a toda velocidad y esa frase repetida miles de veces en cada casa: «vamos, que llegamos tarde».
Pero en Cartagena septiembre tiene una particularidad. Cuando parezca que el verano ha quedado definitivamente atrás y llevemos unas semanas inmersos en horarios, colegios y obligaciones, la ciudad volverá a encontrar una excusa perfecta para romper la rutina.
A finales de septiembre llegarán las fiestas de Carthagineses y Romanos, esa semana en la que Cartagena cambia durante unos días el despertador por los campamentos, las obligaciones por los desfiles y el presente por una historia que nos devuelve más de dos mil años atrás. Será nuestro pequeño oasis después del aterrizaje de septiembre, una semana para reencontrarnos en las calles, vestirnos de púnicos o romanos y recordar que aquí sabemos prolongar el verano un poquito más que el calendario.
Pero todavía no adelantemos acontecimientos.
Queda un último día.
Queda un último amanecer de agosto, una última tarde que sabrá plenamente a verano y una noche que merece ser disfrutada como si fuera especial. Porque quizá el calendario diga que simplemente pasamos del 31 de agosto al 1 de septiembre, pero todos sabemos que hay cambios de fecha que significan mucho más.
Así que aprovechen la playa, la terraza, el paseo junto al mar, la cena con amigos o esa cerveza que se alarga mientras todavía hace calor. Mañana llegarán septiembre, los horarios, las mochilas, los colegios y las obligaciones.
Esta noche toca despedirse.
Feliz Nochevieja del verano.

