Hay un momento en la vida de todo padre en el que descubre que el niño al que enseñó a decir «por favor» y «gracias» se ha transformado en un ser capaz de mantener una conversación completa utilizando palabras como bro, rizz, cringe, NPC y delulu. Lo peor no es que no entendamos nada. Lo peor es que, si preguntamos qué significa, nos miran como si acabáramos de llegar a casa montados en un dinosaurio.
La preadolescencia y la adolescencia vienen sin manual de instrucciones, aunque deberían incluir un diccionario dentro de la mochila. Un día preguntas cómo les ha ido en clase y te responden: «Bien, pero el profe estaba en modo NPC y lo que ha dicho Marcos ha sido muy random». Tú asientes con serenidad, fingiendo que comprendes la situación, mientras por dentro intentas averiguar si debes llamar al instituto, a un psicólogo o directamente a la Policía Nacional.
Tranquilidad. Un NPC no es una nueva sustancia peligrosa ni una enfermedad contagiosa. Es un personaje que parece actuar de forma automática, como los secundarios de los videojuegos. Vamos, lo que para nuestra generación era alguien que repetía siempre lo mismo. Random significa inesperado, absurdo o fuera de contexto. Es decir, aquello que antes llamábamos «una tontería que no viene a cuento», pero resumido en una palabra que, además, suena más internacional.
Luego está el bro. Todo el mundo es bro: el mejor amigo, el compañero de clase, el primo y, en determinados momentos de confusión familiar, incluso el padre. Que tu hijo te llame bro puede parecer una victoria, pero no conviene emocionarse. No significa necesariamente que hayas entrado en su círculo de confianza. Quizá solo necesite que le lleves en coche.
El rizz es la capacidad para ligar, algo parecido a tener labia, encanto o desparpajo. Si un adolescente tiene W rizz, la cosa le ha salido bien. Si tiene L rizz, el intento ha terminado en desastre. Los padres reconoceremos fácilmente esta última versión: es la misma habilidad sentimental que teníamos a su edad cuando tardábamos tres horas en llamar a una casa, preguntábamos por alguien y colgábamos al escuchar la voz de su padre.
También hablan de tener o perder aura. El aura ya no es únicamente esa energía misteriosa que algunas personas aseguran ver alrededor del cuerpo. Ahora representa el carisma, la presencia y la dignidad social. Tropezar delante de todo el instituto puede restar aura. Marcar un gol en el último minuto suma aura. Y que tu madre aparezca en la puerta agitando el bocadillo que has olvidado probablemente reste unos tres mil puntos, aunque te esté salvando el recreo.
Una de las palabras favoritas es cringe: aquello que provoca vergüenza ajena. Los padres debemos asumir que casi todo lo que hacemos puede ser cringe. Bailar, cantar, utilizar filtros, decir «qué pasa, chavales» o intentar emplear su vocabulario son actividades de alto riesgo. Decir «bro, esa cena está muy sigma» puede parecer una excelente forma de conectar con ellos, pero seguramente solo conseguirá que abandonen la habitación sin terminar el postre.
Ser sigma, por cierto, es mostrarse independiente, seguro y con cierto aire de superioridad. Aunque muchas veces se utiliza en tono de broma. Delulu viene de delusional y se aplica a quien se monta una película poco realista. Por ejemplo, pensar que nuestro adolescente ordenará su cuarto después de decirle una sola vez que lo haga es estar completamente delulu.
Si algo está cooked, está acabado, perdido o metido en problemas. Cuando un estudiante recuerda a las diez de la noche que al día siguiente debe entregar una maqueta del sistema solar, toda la familia está cooked. Especialmente el padre que acaba buscando bolas de poliestireno y pintura azul en un bazar a punto de cerrar.
El brainrot es ese contenido absurdo y repetitivo de internet que, según ellos mismos reconocen, termina pudriendo el cerebro. Skibidi pertenece directamente a ese universo de humor incomprensible que no necesita tener sentido. Si no lo entiendes, enhorabuena: probablemente conservas una parte importante de tus facultades mentales.
Luego aparecen expresiones como POV, que significa «punto de vista»; lore, que reúne toda la historia y el contexto que existe detrás de algo; o canon, aquello que forma parte oficial de una historia. Cada familia también tiene su propio lore: la vez que el abuelo perdió el coche, las croquetas irrepetibles de la tía y aquella Nochebuena de la que nadie habla, pero que todos recuerdan.
No conviene olvidar el no cap, que significa «de verdad» o «sin mentir». Cap, en cambio, indica que algo es falso. Y cuidado con unc, abreviatura de uncle, porque pueden utilizarla para llamar viejo o desfasado a alguien. Si te lo dicen con 48 años, respira profundamente. No respondas que tú todavía estás hecho un chaval. Esa frase solo confirmará sus sospechas.
Todo este idioma puede parecer extraño, pero cumple la misma función que tuvieron nuestras expresiones cuando éramos jóvenes: crear identidad, reconocer a los nuestros y desesperar un poco a los adultos. Nosotros también dijimos palabras que nuestros padres no entendían. La diferencia es que no quedaban grabadas en vídeos de quince segundos para que las repitieran millones de personas.
Por eso, más que aprender de memoria cada término, quizá lo importante sea escuchar. Preguntar sin burlarse, interesarse sin invadir y aceptar que algunas conversaciones requerirán traducción simultánea. El lenguaje cambia rápidamente, pero detrás de cada bro, cada cringe y cada respuesta de una sola sílaba sigue estando nuestro hijo intentando encontrar su lugar en el mundo.
Y si después de leer todo esto te atreves a utilizar alguna de estas palabras durante la cena, hazlo bajo tu responsabilidad. Puede salir bien y sumar puntos de aura o convertirse en el momento más cringe de la semana. En cualquier caso, no cap, ser padre de un adolescente es una experiencia completamente random. Pero también, aunque ellos todavía no lo admitan, bastante maravillosa.

