Ya falta muy poco. Bodega Nicolás se prepara para volver a levantar la persiana después de una importante reforma que abre una nueva etapa para uno de esos establecimientos que forman parte de la memoria gastronómica y hostelera de Cartagena.
Situada en la calle del Carmen, junto a la plaza de Alcolea, Bodega Nicolás no es precisamente un recién llegado. El establecimiento fue fundado en 1939 y por sus mesas y su barra han pasado varias generaciones de cartageneros. Un local de los de toda la vida que ahora se prepara para afrontar el futuro con una imagen renovada, pero con una cuestión que preocupa especialmente a muchos de sus clientes habituales: que la modernización no se lleve por delante las tapas y la gastronomía tradicional que siempre lo han caracterizado.
Durante estos últimos días ya se puede apreciar buena parte del resultado de las obras. La actuación ha supuesto una ampliación y modernización de la cocina, diferentes mejoras en el interior del establecimiento y una completa renovación de los baños.
Uno de los cambios que más llama la atención se encuentra precisamente en el exterior. La terraza de la plaza de Alcolea presenta ahora una imagen mucho más cuidada, con nuevos toldos y una importante presencia de vegetación natural que cambia considerablemente el aspecto de este rincón situado a escasos metros de una de las principales arterias comerciales del centro de Cartagena.
La nueva etapa de Bodega Nicolás llega de la mano de Bodegas de Cartagena, grupo hostelero que se encuentra también detrás de establecimientos muy conocidos de la ciudad como La Uva Jumillana, El Chalé, La Fuente o Bar Sol, entre otros. La incorporación de Nicolás supone sumar otro establecimiento histórico a un proyecto que durante los últimos años ha ido creciendo precisamente alrededor de algunos de los nombres más reconocibles de la hostelería cartagenera.
Pero junto a la expectación por descubrir el resultado definitivo de la reforma existe también cierta preocupación entre los cartageneros que conocían la antigua Bodega Nicolás. Muchos esperan que, detrás de la nueva imagen, continúe estando la esencia de aquella barra en la que las tapas tradicionales tenían un protagonismo absoluto.
Y es que Nicolás ha sido durante décadas uno de esos lugares donde encontrar una gastronomía muy cartagenera, sencilla, reconocible y vinculada a la tradición de las bodegas y bares del centro. Tapas de siempre, sabores conocidos y esa manera tan particular de entender el aperitivo que forma parte de la cultura gastronómica de la ciudad.
La reforma puede cambiar la cocina, los baños, los toldos o incluso la imagen del establecimiento, pero buena parte de sus clientes espera que lo que no cambie sea precisamente aquello que convirtió a Bodega Nicolás en Bodega Nicolás.
Ahora queda conocer la carta definitiva y comprobar cuánto permanece de aquella cocina y de aquellas tapas que tantos recuerdos despiertan. La expectación es grande porque recuperar un establecimiento fundado en 1939 supone también asumir una responsabilidad: modernizar un histórico sin borrar su historia.
La cuenta atrás para la reapertura ya está en marcha y todo apunta a que la renovada Bodega Nicolás dará mucho que hablar cuando vuelva a abrir sus puertas en pleno corazón de Cartagena. Y probablemente la primera pregunta de muchos cuando se sienten de nuevo frente a su barra será muy sencilla: ¿siguen estando las tapas de siempre?

