De Mastia al mundo: la historia de todas las Cartagenas

Desde la antigua Mastia hasta América y Filipinas, el nombre de Cartagena ha viajado durante siglos dando identidad a ciudades, pueblos y aldeas.

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Hay ciudades cuyos nombres describen un paisaje, recuerdan a un santo o conservan la memoria de un antiguo gobernante. Cartagena pertenece a una estirpe diferente. Su nombre ha viajado en barcos, ha cruzado océanos y ha terminado escrito en mapas de Europa, América y Asia. Existen grandes ciudades, pequeños pueblos, aldeas, barrios y antiguas haciendas llamados Cartagena, pero todos comparten un mismo hilo histórico que, de forma directa o a través de Cartagena de Indias, conduce hasta nuestra ciudad junto al Mediterráneo.

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La Cartagena española es la más antigua de todas las localidades que actualmente llevan este nombre. Su historia, sin embargo, comenzó mucho antes de que la palabra Cartagena apareciera en ningún documento. La tradición histórica identifica el asentamiento anterior con Mastia, una ciudad ibérica o tartésica situada alrededor de uno de los mejores puertos naturales del Mediterráneo occidental. Sobre aquel enclave, Asdrúbal el Bello fundó hacia el año 229 antes de Cristo la ciudad púnica de Qart Hadasht, expresión que significaba «Ciudad Nueva».

Qart Hadasht era también el nombre que los cartagineses daban a Cartago, en el norte de África. Por tanto, la raíz más remota del topónimo se encuentra al otro lado del Mediterráneo, pero fue en la península ibérica donde comenzó la evolución que terminaría dando lugar a la palabra Cartagena. Cuando los romanos conquistaron la ciudad en el año 209 antes de Cristo, la llamaron Carthago Nova, la Nueva Cartago. Más tarde fue Carthago Spartaria durante la etapa bizantina y Qartayannat al-Halfa bajo dominio islámico, hasta que la lengua castellana fue transformando aquel nombre antiguo en el actual Cartagena. La documentación histórica municipal recoge esta evolución desde el asentamiento tradicionalmente identificado con Mastia hasta Qart Hadasht, Carthago Nova y la denominación moderna.

Nuestra Cartagena fue, por tanto, la primera de las Cartagenas que hoy aparecen repartidas por el mundo. Fue también la que convirtió aquel nombre heredado de la Antigüedad en una palabra española y la que, siglos después, lo llevó hasta otros continentes. El gran salto se produjo durante la expansión española por América.

El 1 de junio de 1533, Pedro de Heredia fundó una ciudad sobre el poblado indígena de Calamarí, junto a una bahía del mar Caribe. La llamó Cartagena en recuerdo de la ciudad española. Durante sus primeros años también fue conocida como Cartagena de Poniente, para diferenciarla de la Cartagena de Levante, la nuestra. Con el tiempo terminaría imponiéndose la denominación de Cartagena de Indias. La ciudad colombiana se convirtió en puerto estratégico, plaza fortificada y una de las poblaciones más importantes de la América española

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Cartagena de Indias es actualmente la más poblada y conocida internacionalmente de todas las Cartagenas. Sus murallas, sus balcones de colores y su relación con el Caribe la han convertido en un destino universal. Su fama ha llegado a eclipsar en algunos lugares a la ciudad que le entregó el nombre, pero su propio nacimiento mantiene vivo el vínculo con la Cartagena española. De hecho, gran parte de las pequeñas Cartagenas que existen en Colombia heredaron el topónimo de la ciudad caribeña y, a través de ella, también de la nuestra.

Colombia es el país donde el nombre se ha multiplicado con mayor intensidad. Además de Cartagena de Indias, existe Cartagena del Chairá, municipio del departamento de Caquetá cuyo nombre une la herencia cartagenera con una palabra indígena. También aparece Cartagena como centro poblado de Palestina, en el departamento de Caldas, y en pequeñas comunidades de Boyacá, Nariño, Magdalena, Meta, Casanare, Amazonas, Cesar, Cauca y Norte de Santander. Algunas son veredas rurales formadas por unas pocas viviendas; otras han crecido hasta convertirse en núcleos reconocibles dentro de sus respectivos municipios.

En Chile encontramos otra de las grandes Cartagenas del mundo. Está situada en la provincia de San Antonio, dentro de la región de Valparaíso, y es una ciudad costera conocida por sus playas y por haber sido uno de los balnearios preferidos de la sociedad chilena a comienzos del siglo XX. Su nombre procede de Juan de Cartagena, propietario vinculado a aquellas tierras durante el periodo colonial. Incluso en este caso, en el que el origen inmediato es un apellido, el nombre conserva la huella de la Cartagena española. La comuna fue creada oficialmente en 1901 y la llegada posterior del ferrocarril impulsó su desarrollo turístico.

El nombre también aparece en otros puntos de Chile, especialmente en pequeños sectores rurales de la región de O’Higgins, donde se localizan lugares denominados Cartagena y Villa de Cartagena. No poseen la relevancia urbana de la ciudad costera de Valparaíso, pero forman parte de esa extensa familia toponímica.

México cuenta con Cartagenas repartidas por buena parte de su territorio. El nombre aparece en Jalisco, Nuevo León, Chiapas, Durango, Zacatecas, Veracruz, Chihuahua, Aguascalientes y el Estado de México. Algunas son rancherías diminutas; otras, fraccionamientos, colonias o comunidades rurales. En Veracruz se conservan además nombres como Cartagena de Michapan y Pozolapan-Cartagena. La abundancia de estos topónimos demuestra la fuerza que alcanzó el nombre durante los siglos de presencia española y su posterior transmisión desde distintos puntos de América.

Costa Rica posee varias Cartagenas. La más conocida se encuentra en el cantón de Santa Cruz, en la provincia de Guanacaste. Otras pequeñas localidades aparecen en la provincia de Limón. No deben confundirse con Cartago, la histórica ciudad costarricense, aunque ambos nombres comparten la misma raíz púnica. En Guatemala existe otra Cartagena en el departamento de San Marcos.

Cuba conserva una Cartagena en la provincia de Cienfuegos, vinculada históricamente al municipio de Rodas, así como Santiago de Cartagena, un antiguo batey nacido alrededor de la actividad agrícola. Los mapas también registran otra localidad llamada Cartagena en la provincia de Ciego de Ávila. Son nombres surgidos durante la etapa colonial, cuando los españoles trasladaban a las nuevas poblaciones los nombres de sus ciudades de origen o de otros enclaves ya establecidos en América.

En Perú aparecen localidades llamadas Cartagena en los departamentos de Lambayeque y Pasco. Bolivia tiene la suya en Cochabamba, mientras que Ecuador conserva una pequeña Cartagena en la provincia de Pichincha. Venezuela reúne poblaciones o sectores con este nombre en los estados de Sucre, Mérida y Anzoátegui. En todos estos casos hablamos principalmente de caseríos, comunidades agrícolas o pequeñas entidades de población, no de ciudades comparables con Cartagena de España, Cartagena de Indias o Cartagena de Chile.

El viaje del nombre no terminó en América. En Filipinas existen al menos dos poblaciones llamadas Cartagena. Una se encuentra en la ciudad de Sipalay, dentro de la provincia de Negros Occidental, y tiene su origen en la antigua Hacienda Cartagena creada durante la presencia española en el archipiélago. La otra está situada en el municipio de Plaridel, en la provincia de Misamis Occidental. En la Cartagena filipina de la isla de Negros viven varios miles de personas, lo que la convierte en uno de los núcleos más destacados que conservan nuestro nombre en Asia.

Incluso en Estados Unidos aparece una pequeña localidad denominada Cartagena en Florida. No tiene la entidad de las grandes ciudades homónimas, pero completa un recorrido que permite seguir el nombre desde el Mediterráneo hasta el Caribe, los Andes, el Pacífico y el sudeste asiático.

Determinar un número cerrado de Cartagenas no resulta sencillo. Los grandes repertorios geográficos incluyen ciudades, municipios, aldeas, veredas, barrios, rancherías y secciones urbanas, mientras que algunos pequeños asentamientos cambian de categoría o terminan absorbidos por poblaciones mayores. Las bases cartográficas actuales sitúan el topónimo en al menos trece países y registran decenas de lugares que se llaman exactamente Cartagena o incorporan esta palabra a su denominación.

Los fotógrafos cartageneros Juan Manuel Díaz Burgos y Moisés Ruiz Cantero dedicaron cerca de una década a seguir este rastro. Su proyecto Al fondo, el mar reunió más de 400 imágenes tomadas en 47 Cartagenas y Cartagos de distintos continentes, desde el Mediterráneo hasta América y la isla filipina de Negros. Aquella exposición demostró que el nombre no era solamente una curiosidad geográfica, sino una familia formada por lugares muy diferentes que compartían una memoria común.

No todas las pequeñas Cartagenas conservan el documento que explica el momento exacto de su bautismo. Algunas recibieron el nombre directamente de la ciudad española; otras lo heredaron de Cartagena de Indias, de familias apellidadas Cartagena o de colonos que quisieron recordar el lugar del que procedían. Sin embargo, todas forman parte de una misma genealogía: la palabra española que viajó por el mundo nació y tomó su forma definitiva en nuestra ciudad.

Por eso, cuando un cartagenero encuentra su nombre en una señal de Chile, en una comunidad colombiana, en un camino mexicano, en un pueblo cubano o en una remota población de Filipinas, no está contemplando una simple coincidencia. Está viendo una rama lejana de una historia que comenzó en Mastia, se transformó en Qart Hadasht, sobrevivió como Carthago Nova y terminó convirtiéndose en Cartagena. Un nombre con más de dos mil años de viaje que salió de nuestro puerto y encontró nuevos hogares al otro lado del mundo.

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Aida Belmonte
Aida Belmonte
Aida Belmonte dirige ¿Dónde Comemos? Cartagena, donde lidera el enfoque informativo del medio y la cobertura de actualidad local, cultural y social en Cartagena y su comarca.
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