Mientras estos días se debate la posibilidad de crear una nueva playa en la zona de El Espalmador, junto al antiguo chalet y el histórico Muelle del Carbón, quizá haya llegado el momento de mirar primero hacia uno de los mayores aciertos urbanísticos de la ciudad: Cala Cortina.
La playa, creada hace años por el Ayuntamiento de Cartagena y posteriormente ampliada y reformada durante el mandato de la alcaldesa Pilar Barreiro, ha demostrado que una actuación bien planificada puede transformar por completo un espacio industrial y portuario en uno de los rincones más frecuentados del municipio. Hoy cuenta con restaurante, paseo marítimo, carril bici, parada del autobús turístico y unos servicios que la convierten en una de las playas urbanas más completas de la Región de Murcia.
Sin embargo, todavía queda margen para dar un salto de calidad mucho mayor.
La propuesta pasa por unificar Cala Cortina con la conocida Playa del Fondo mediante la retirada de la escollera y las grandes piedras que actualmente separan ambas zonas de baño, reconstruyéndola unos metros más hacia el exterior para mantener la protección frente al oleaje. El resultado sería una única playa continua, mucho más amplia y funcional, con una imagen completamente renovada.
Esta actuación permitiría crear una playa urbana cercana al kilómetro de longitud, capaz de convertirse en uno de los principales atractivos turísticos y de ocio de Cartagena, ofreciendo un espacio similar al que disfrutan otras ciudades costeras españolas.
Porque mientras Málaga presume de La Malagueta, Alicante del Postiguet o Valencia de sus extensas playas urbanas, Cartagena continúa siendo una de las grandes ciudades del litoral mediterráneo que no dispone de una playa urbana de grandes dimensiones plenamente integrada en el tejido de la ciudad.
La intervención no tendría por qué limitarse únicamente a la arena. Los terrenos anexos permitirían desarrollar nuevas zonas ajardinadas, incrementar los espacios verdes y habilitar nuevos aparcamientos que facilitaran el acceso durante todo el año.
Del mismo modo, el proyecto podría completarse con la construcción de un gran paseo marítimo que enlazara la Batería de Santa Ana con Cala Cortina siguiendo toda la línea de costa. Un recorrido pensado para peatones y ciclistas que ofrecería una nueva forma de disfrutar del litoral cartagenero y conectaría espacios de enorme valor paisajístico e histórico.
Precisamente la movilidad es otra de las asignaturas pendientes. Aunque existe un carril bici hasta las inmediaciones de Cala Cortina, el acceso final sigue obligando a cruzar una intersección y circular por un tramo de carretera que muchos usuarios consideran poco seguro. Resolver ese punto permitiría que la playa pudiera alcanzarse de forma cómoda y completamente segura desde el centro de la ciudad.
La creación de nuevas playas siempre puede ser una opción interesante, pero antes de abrir nuevos frentes quizá resulte más rentable potenciar al máximo una infraestructura que ya existe, que funciona y que cuenta con un enorme potencial de crecimiento.
Cala Cortina ya cambió hace años la relación de Cartagena con su costa. Ahora solo falta dar un paso más para convertirla en la gran playa urbana que una ciudad portuaria como Cartagena merece.















