Más de 1.300 personas vibraron este jueves en el Auditorio Paco Martín con el esperado regreso de Rodrigo Cuevas al festival La Mar de Músicas. El artista asturiano, una de las figuras más innovadoras del panorama musical español, ofreció un espectáculo que confirmó por qué su nombre era uno de los más esperados de esta edición. Tradición, electrónica, humor, sensualidad y una potente puesta en escena se combinaron en un concierto que convirtió el recinto en una gran celebración colectiva.
Las entradas para su actuación se habían agotado hacía meses, reflejo de la enorme expectación que despierta un creador capaz de reinventar el folclore peninsular sin perder su esencia. Cuevas volvió a demostrar que la música tradicional puede dialogar con los sonidos más contemporáneos para construir una propuesta artística única, donde la identidad, la diversidad y la libertad ocupan un lugar protagonista.
El asturiano transformó el escenario en un espacio de encuentro entre lo rural y lo moderno, entre la copla y la electrónica, entre la tradición y la provocación. Su espectáculo, cargado de ironía, crítica social y una gran fuerza visual, invitó al público a bailar, emocionarse y celebrar la riqueza cultural desde una mirada completamente actual.
La jornada comenzó en la plaza del Antiguo CIM con la actuación de El Pantorrillas, que presentó Palomo Cojo, un trabajo profundamente arraigado en las músicas populares del sureste español. A través de parrandas, jotas y malagueñas reinterpretadas con un lenguaje contemporáneo, el artista ofreció un recorrido por historias de amor, desamor y búsqueda de libertad, recuperando voces silenciadas durante décadas.
El título del disco hace referencia a un término utilizado en el ámbito rural durante los años 70, 80 y 90 para cuestionar la masculinidad de algunos hombres. Lejos de esconder esa realidad, El Pantorrillas convierte esa expresión en un símbolo de reivindicación, construyendo un repertorio que defiende la autenticidad y la diversidad a través de la música tradicional.
La plaza del Ayuntamiento cambió completamente de registro con Bewis de la Rosa, una de las artistas más originales de la escena independiente actual. Su propuesta de rap rural volvió a romper moldes combinando hip-hop, folclore, danza y performance en un espectáculo cargado de energía y compromiso social.
Con letras que abordan cuestiones como el acceso a la tierra, la autosuficiencia, el pensamiento crítico, la salud mental o la memoria histórica, Bewis de la Rosa convirtió su actuación en una experiencia artística donde la música y el mensaje avanzaron de la mano. El público respondió entregándose a un directo intenso, creativo y profundamente emocional.
La programación concluyó en el patio del Antiguo CIM con Raül Refree y Niño de Elche, dos de los creadores más inquietos de la música española contemporánea. Ambos presentaron Cru+es, un proyecto que explora los límites entre el flamenco, la electrónica experimental y la canción de vanguardia.
Su actuación propuso un viaje sonoro y emocional inspirado en los versos del poeta griego Yannis Ritsos, transitando entre el ruido y el silencio, la vida y la muerte o el dolor y la esperanza. La cuidada dirección artística convirtió el concierto en una auténtica liturgia contemporánea, cerrando una jornada en la que La Mar de Músicas volvió a demostrar su capacidad para reunir algunas de las propuestas más innovadoras del panorama nacional sin perder de vista las raíces culturales que las inspiran.















