Hay decisiones que, más allá de los colores políticos, terminan transmitiendo el mismo mensaje a los cartageneros: que pueden seguir esperando. Da igual quién gobierne en Madrid, porque cuando se trata de las infraestructuras ferroviarias de Cartagena, la sensación es siempre la misma. La ciudad vuelve a quedarse al margen mientras otros territorios avanzan. Una vez más, Cartagena paga el pato.
La decisión del Consejo de Ministros de prolongar durante tres años el actual servicio ferroviario denominado de proximidad ha sido recibida con un profundo rechazo por parte del Gobierno municipal. El portavoz del Ejecutivo local, Ignacio Jáudenes, considera que esta medida no supone ninguna mejora real, sino que consolida un modelo ferroviario “deficiente” que aleja todavía más la posibilidad de que Cartagena disponga de un auténtico servicio de cercanías con Murcia.
Pero el problema va mucho más allá del nombre que reciba el servicio. Cartagena continúa sin una fecha cierta para la llegada de la alta velocidad y, mientras tanto, acumula ya más de cuatro años con el tráfico ferroviario de viajeros suspendido en la histórica línea Madrid-Cartagena por Chinchilla. Una situación que ha convertido a la segunda ciudad de la Región en una excepción difícil de entender para cualquier ciudadano.
Desde el Ayuntamiento recuerdan que existen soluciones técnicas que podrían aplicarse sin necesidad de esperar años. Los estudios elaborados junto a la Cátedra de Movilidad Sostenible de la Universidad Politécnica de Cartagena plantean el uso de trenes híbridos de la serie 730, capaces de circular tanto por vías electrificadas como convencionales. Una propuesta que ya defendió la alcaldesa Noelia Arroyo y que permitiría recuperar una conexión directa entre Cartagena y Madrid en aproximadamente cuatro horas, con ocho frecuencias diarias y sin obligar a los viajeros a realizar transbordos en Murcia o Alicante.
Sin embargo, esa alternativa sigue sin obtener respuesta por parte del Ministerio de Transportes. El Gobierno local insiste en que no se trata de reclamar un trato de favor, sino de utilizar recursos ya existentes para ofrecer a Cartagena un servicio digno mientras la alta velocidad continúa siendo una promesa sin calendario.
Jáudenes también recuerda que el Pleno municipal ya ha solicitado formalmente al Ministerio, a ADIF y a Renfe la reapertura inmediata de la línea Madrid-Cartagena por Chinchilla, la recuperación de los servicios de Media Distancia por su recorrido histórico y la garantía de estas conexiones mediante la correspondiente obligación de servicio público.
Lo verdaderamente preocupante es que esta historia se repite una y otra vez. Cambian los gobiernos, cambian los ministros y cambian los discursos, pero Cartagena sigue ocupando el último vagón de las prioridades ferroviarias. Mientras otras ciudades inauguran nuevas conexiones, amplían frecuencias o estrenan infraestructuras, aquí se sigue debatiendo cómo recuperar servicios que nunca debieron perderse.
Porque el problema ya no es únicamente un tren. Es la sensación permanente de que Cartagena siempre tiene que esperar un poco más. Que las soluciones nunca llegan cuando afectan a esta tierra. Y que, gobierne quien gobierne, sea del partido que sea, Cartagena continúa siendo la ciudad que acaba pagando el pato.














