El Campo de Cartagena vuelve la mirada a uno de los cultivos que durante siglos formó parte de su identidad. La comarca natural, la gran llanura que se extiende desde San Pedro del Pinatar hasta Mazarrón y desde el Puerto de la Cadena hasta todo el entorno del Mar Menor, será el escenario de un ambicioso proyecto que pretende recuperar el algarrobo como motor económico, agrícola y medioambiental.
La iniciativa, denominada ‘Algarrobo Vivo’, contempla la plantación de más de 2.200 algarrobos durante los próximos dos años sobre más de 80 hectáreas de secano tradicional. El proyecto movilizará una inversión de 1,63 millones de euros, financiados con fondos FEDER 2021-2027 a través de la Fundación Biodiversidad, y busca demostrar que un cultivo históricamente ligado al paisaje del Campo de Cartagena puede volver a convertirse en una oportunidad de desarrollo.
Lejos de ser únicamente una actuación de restauración ambiental, el proyecto pretende impulsar una nueva economía basada en la algarroba. El creciente interés por este fruto en sectores como la alimentación, la gastronomía, la cosmética o la industria farmacéutica convierte al algarrobo en una alternativa rentable para muchos agricultores, especialmente en un contexto marcado por la escasez de agua y la necesidad de apostar por cultivos adaptados al clima mediterráneo.
La alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo, aseguró durante la presentación que “Algarrobo Vivo no consiste en plantar árboles, sino en plantar oportunidades”, defendiendo que el secano tradicional no pertenece al pasado, sino que representa una de las grandes oportunidades de futuro para el territorio. También expresó el deseo de que el Campo de Cartagena vuelva a ser identificado por este cultivo, del mismo modo que durante generaciones formó parte inseparable de su paisaje.
El proyecto está promovido por la Asociación de Municipios del Campo de Cartagena y liderado por el Ayuntamiento de Cartagena junto a ANSE, ARBA y CETENMA. Además, cuenta con la colaboración de numerosas entidades científicas, agrícolas y educativas, entre ellas el CEBAS-CSIC, la Universidad Politécnica de Cartagena, el CIFEA de Torre Pacheco, la Escuela de Hostelería de Cartagena y diversas organizaciones vinculadas al desarrollo rural y la innovación agroalimentaria.
Uno de los aspectos más destacados será la eliminación de buena parte de las barreras económicas para los agricultores interesados, ya que el proyecto asumirá el coste de las nuevas plantaciones. Además, dará prioridad a mujeres titulares de explotaciones agrarias, favorecerá el relevo generacional y abrirá oportunidades laborales para personas con discapacidad y colectivos vulnerables mediante la colaboración con entidades sociales.
La mayoría de las explotaciones adheridas se encuentran en la zona oeste del Campo de Cartagena, especialmente en diputaciones como Tallante, Los Puertos de Santa Bárbara, Perín, Canteras, Galifa, Cuesta Blanca, San Isidro y Rincón de Sumiedo, donde todavía se conserva buena parte del paisaje tradicional de secano. También participan explotaciones de Fuente Álamo y Torre Pacheco, mientras que La Unión se incorpora a través de la asociación Huerto Pío.
El alcalde de Torre Pacheco, Pedro Ángel Roca, destacó la importancia de la cooperación entre los municipios de la comarca para recuperar un cultivo que durante décadas tuvo una gran relevancia económica. Recordó además que en su municipio existió una importante industria dedicada a la transformación de la algarroba, donde se producía el conocido garrofín.
La presentación concluyó con una degustación de productos elaborados con algarroba, entre ellos pan, bizcochos, helados, miel, granizados y otras elaboraciones que demostraron el enorme potencial gastronómico y comercial de un fruto que aspira a convertirse de nuevo en una de las señas de identidad del Campo de Cartagena y en un ejemplo de cómo tradición, innovación y sostenibilidad pueden caminar de la mano para revitalizar la comarca natural.













